Mostrando entradas con la etiqueta LEYENDAS. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta LEYENDAS. Mostrar todas las entradas

sábado, 17 de mayo de 2008

¿PORQUE NUNCA LLEGÓ EL TREN A LERDO?



En 1883 llegó a la Comarca Lagunera el Ferrocarril Central y se tiene en la región (Torreón,Gomez Palacio y Lerdo) la Idea formada por una historia Oral, que la Villa de Lerdo no quizo el Ferrocarril, ya que este provocaría mucho ruido, causando problemas a la Población (motivo por el cual siempre nos dijeron DORMIDOS)

No existe documento alguno que avale esta tradición, pero en este Blog presento la trascripción de la autorización por parte de la Secretaría de Fomento para el paso y llegada a la Villa de Lerdo en 1883. Publicada en el Periódico Oficial en 1883.


NOTA IMPORTANTE:El Sr. Juan Nepomuceno Flores era el principal terrateniente y dueño de la grán mayoría de tierras y haciendas de la Villa de Lerdo, quien no quiso ceder terrenos (se desconoce el motivo) para el paso del Ferrocarril, lo que NÓ pasó con el Sr. Santiago Lavín, (mi bisabuelo) quien hace la cesión de terrenos para el paso de las vías, pero sus tierras se encontraban fuera de la Villa de Lerdo, motivo por el cual cambia su trazo el ferrocarril y provoca la edificación de la estación Santa Rosa y posteriormente la del Torreón.Que hubiera pasado si Juan Nepomuceno Flores hubiera accedido y cede terrenos para que este llegue a la Villa de Lerdo?

El Gobernador de Durango en 1883, Fco. Gomez Palacio intento cambiar el paso del Ferrocarril a Durango Capital en lugar de la Villa de Lerdo?

Sí intentó que el trazo del ferrocarril Central se dirigiera a Durango Capital, pero sin ningún fundamento, ya que la concesión adquirida por la empresa Topeka Atchinson no obligaba a esta el dirigirse a Durango Capital. Esta concesión fue traspasada y era una que se tenía asignada en el estado de Guanajuato como una línea regional, y que debería llegar a la Ciudad de Durango.Hasta 1880 no se podían mover estas líneas fuera de los estados que habían sido asignadas, pero en 1880 se cambian algunos artículos en estos contratos y se acepta el traslado a cualquier parte del país y esta en particular sin tener la obligación de llegar a la ciudad de Durango.Elemento que pretende tomar El Gobernador Fco. Gómez Palacio para luchar por este cambio.

lunes, 12 de mayo de 2008

EL MECHUDO


A 40 millas del puerto de La Paz, a 50 millas al frente de la isla de San Francisquito, junto a la de San José, hay una montaña que bañan las aguas del mar. Situada entre los 24° 42’ 30” de la latitud norte y 110° 40’ de longitud oeste, que desde tiempos muy remotos es conocida con el nombre de "El Mechudo". En un mapa actual encontramos la isla de San José y la de San Francisco, al norte de La Paz.

Uno de los buzos más antiguos de las costas de California, cuenta que cuando se descubrieron los criaderos de perla en la Baja California y que él todavía no venía al mundo, los Yaquis eran libres de efectuar la pesca de perla. Construían como ahora en el año de 1897, fecha en aquella época el buzo se untaba el cuerpo con grasa, se ataba el estómago con un soyate y llevaba una estaca de palo en la mano, para defenderse de la ballena, bufeo, cachalote, tiburón, tintorera, pez espada y otros terribles animales que abundan en aquel lugar.

Una vez que los buzos se preparaban de la forma antes mencionada se arrojaban al fondo del mar, llegando cada buzo a sacar en unas cuantas horas 300 o más conchas. Los Yaquis tenían la costumbre de ofrecer a la Virgen la última perla que sacasen en su faena o jornada, lo que hacían devota y rigurosamente todos los días. Unos de tantos Yaquis, al terminar su tarea, sin duda por darse aires de descreído o valeroso, antes de arrojarse al agua a buscar la perla que le tocaba a la Virgen, “dijo que iba por ella para regalársela al diablo”... Dicen las crónicas que aquel desdichado no volvió a salir del fondo del mar y que sus compañeros huyeron despavoridos y comentando el resultado de aquella terrible blasfemia.

Desde entonces, según cuentan los lugareños, en ocasiones, sobre todo antes de salir el sol, muchas de las embarcaciones que por allí pasan, han visto emerger del agua a un individuo de larguísima melena, pero al pretender acercarse a verlo de cerca, éste vuelve a sumergirse. Con el paso del tiempo los Yaquis fueron abandonando aquel fecundo criadero de perlas, pero la leyenda ya está creada y en la región el nombre de “El Mechudo” cada vez es mas conocido, respetado y hasta temido..."

Así concluye la historia. Y cierto o no, pero aún hoy en día aquel lugar inspira cierto temor a quienes conocen el cuento, pues la naturaleza ha dotado a aquella costa de desnudas e imponentes rocas, siempre batidas para el chapoteo de las aguas, ruido que aunado a una neblina caprichosa, da al lugar un ambiente siniestro que se quiera o no, ocasiona cierto miedo, temor y hasta pavor a quienes antes de salir el sol se atreven a navegar por esas aguas...!

HOTEL CALIFORNIA


Mi hijo Pancho es músico, un gran tecladista que trabaja en Cabo San Lucas. El me decía hace unos días: "Papa, ¿Ya conoces la leyenda del hotel California de Todos Santos?" Yo le dije que no y me contó esta:


En 1976, hubo una canción escrita por Don Henley, que se hizo famosa por todo el mundo con el grupo norteamericano The Eagles, llamada “Hotel California”. Fue el quinto álbum del grupo, y fue compuesta en un hotel llamado “California” en el pequeño poblado de Todos Santos, Baja California Sur, donde Henley rentaba un cuarto de dos mil dólares la noche.

La leyenda existía ya, antes de que Henley hiciera su canción, pero éste jamás había escuchado sobre ella. Decían en el poblado que algunas noches se aparecía el fantasma de Mercedes, una chica que invitaba a tomar a los parroquianos en el bar del hotel.

Pero, a partir de su canción, Don Henley hizo una leyenda de la leyenda, contando su propia experiencia. La canción narra su llegada al poblado, cansado y requiriendo un lugar de descanso, por lo que, cuando vio el hotel, le pareció el paraíso. Allí, parándose en el umbral, antes de traspasarlo, escuchó la campana de la misión, una chica lo recibió, prendió una vela y le mostró el camino a su lugar de descanso, escuchando que le decía “bienvenido al hotel California, donde siempre tenemos la misma estación anual”, refiriéndose al orgullo todosanteño del buen clima, por lo que a muchos ha dado en llamar al lugar “la Cuernavaca de Baja California Sur”.

Si hemos de hacer caso a las narraciones de los lugareños, la chica debió invitar una botella de champaña al norteamericano visitante, puesto que éste, al ver que no llegaba, fue a reclamar al encargado el vino prometido, encontrándose con la sorpresa de que no había ninguna chica, ni el hotel ofrecía vino a sus huéspedes. El encargado le dijo: “No hemos tenido ese espíritu desde 1965”.

El hotel California fue fundado por un oriental de nombre Antonio Wong Tabasco, hombre de gran visión progresista, quien construyó además la primera gasolinera, tienda, bar y restaurante en el poblado de Todos Santos Baja California Sur. Su arquitectura es de tipo colonial. En 1974, tras el fallecimiento del “chino Wong”, como cariñosamente le llamaban los lugareños, el hotel fue en decadencia. A la fecha, ha sido remozado por John Stewart y su esposa Debbie, canadienses que se enamoraron del lugar, lo han restaurado y han creado un fascinante ambiente que invita al descanso y le han dado proyección internacional. Está próximo a lanzar al mercado su tequila de marca “Hotel California” añejado en Arandas, Jal. Elaborado artesanalmente, envasado en botellas rojas y envueltas en plata repujada.

domingo, 4 de mayo de 2008

EL BAUL MISTERIOSO


¿Qué tenía aquel misterioso, viejo, grande y feo baúl que se quedó en el mesón del Manglito?

Los habitantes de ese barrio de La paz y que vivían allá a principios del siglo pasado, cuentan que en un terreno de la playa del manglito existió un pequeño mesón, propiedad de doña Cuca Martínez, abuela de un pescador muy conocido en años recientes llamado Cipriano. A dicho mesón llegaban los arrieros que viajaban de La Paz a los minerales del Triunfo y San Antonio, llevando artículos de primera necesidad para las gentes de aquellos lugares y traían de regreso los minerales procesados en las minas.

Uno de estos arrieros llamado Juan Pablo Cruz, ya tenía más de diez años haciendo los viajes de ida y vuelta entre los pueblos mineros y la capital del estado, era dueño de una recua de cuatro mulas y dos burros con los que efectuaba su trabajo de carga.

Un día los vecinos del mesón vieron llegar muy de mañana a Juan Pablo quien además de traer los bultos acostumbrados traía un gran baúl muy grande y viejo, que estaba cerrado con un viejo candado todo oxidado.

El cuarto donde se hospedaba el arriero cada vez que llegaba al barrio quedaba al fondo del terreno del mesón. Descargo a las cuatro mulas de los bultos con el mineral y bajó el gran baúl, metiéndolo en la habitación.

No faltó algún vecino curioso, que cuando Juan Pablo salía hacia el Triunfo se asomó por una ventana para ver el baúl, y vio que de él salía una pequeña mujer que a veces vestía de blanco y otras veces el vestido era negro.

Llegó el día en que el arriero no regresó y doña Cuca para evitar problemas mandó tapiar la puerta de la habitación del fondo de su mesón, con unas tablas clavadas al marco de la puerta. Pasó el tiempo, varios años y el arriero ya no regresó, por lo que la dueña del mesón, después de varios años decidió rentar el cuarto. En eso llegó procedente de Guaymas Sonora, un pescador que venía con todo y panga, y pidió permiso para quedarse a pescar en el barrio del Manglito, este pescador se parecía mucho a Juan Pablo el arriero, quien lo recordaba podría jurar que eran hermanos gemelos.
El panguero desclavó las tablas que cerraban el cuarto del fondo, y al entrar no vio ninguno de los muebles que le dijo doña Cuca que tenía dicha habitación, solo había un gran baúl en el centro de la habitación con un gran candado todo oxidado. Con las tablas con las que estaba cerrada la puerta, el pescador fabricó una cama, una mesa y una silla. Puso el baúl en un rincón de la habitación y ya por la noche se costó a dormir. El panguero siempre usaba una mascada blanca alrededor de su cuello.

Ya por la noche, cuando su sueño era muy profundo, de repente se despertó porque estaba sufriendo un asalto, solo alcanzó a ver a un gran bulto oscuro del cual salían dos manos que apretaban con fuerza las puntas de la mascada. Luchó de manera desesperada y por fin aflojó la mascada que le ahorcaban el cuello. Se levantó como pudo y sacó al patio el viejo baúl.

Muy de madrugada salió al patio, tomo el baúl y lo subió a su panga, encendió el motor fuera de borda, y se encaminó a medio canal entre el malecón y el mogote. Aventó el baúl al mar y regresó a la playa. Dejó varada su panga en la arena, y se encaminó al Templo de Nuestra Señora de Guadalupe, entrando a rezar un rosario.

Este panguero también desapareció como el arriero y de el baúl ya nadie supo más.

miércoles, 30 de abril de 2008

LA VOZ DEL VACÍO


El lama impartía enseñanzas a los monjes y novicios del monasterio. Siguiendo la doctrina del Buda, ponía especial énfasis en captar la transitoriedad de todos los fenómenos, así como de aquietarse, retirarse de los pensamientos y, en meditación profunda, percibir en el glorioso vacío interior la voz de la mente iluminada. Mostraba métodos muy antiguos a sus discípulos para que pudieran apartarse del pensamiento y vaciar la mente de inútiles contenidos.


-Vaciaos, vaciaos- exhortaba incansablemente a los discípulos. Así un día y otro día, con la misma insistencia que las aguas fluyen en el seno del río o el ocaso sigue al amanecer.


-Vaciaos, vaciaos.Tanto insistiera en ello, que algunos discípulos acudieron a visitar al maestro y le dijeron respetuosamente: -Venerable maestro, en absoluto ponemos en duda la validez de tus enseñanzas, pero... -¿Pero?- preguntó el lama con una sonrisa en los labios. -¿Por qué pones tanto énfasis en que nos vaciemos? ¿Acaso, respetado maestro, no acentúas demasiado ese aspecto de la enseñanza? -Me gusta que me cuestionéis -dijo el lama-. No quiero que aceptéis nada que no sea sometido al escrutinio de vuestra inteligencia primordial.


-Ahora debo llevar a cabo sin demora mi práctica meditacional, pero solicito que todos vosotros os reunáis al anochecer conmigo en el santuario.-


Eso sí, queridos míos, quiero que cada uno de vosotros traiga consigo un vaso lleno de agua.Los discípulos disimularon como pudieron su asombro e incluso alguno de ellos se vio obligado a sofocar la risa. ¿Será posible? O sea, que su maestro les pedía algo tan ridículo como que todos ellos fueran al santuario portando un vaso lleno de agua. ¿Se trataría de algún rito especial?¿Sería una ofrenda que iban a hacer a alguna de las deidades? Fue transcurriendo el día con lenta seguridad.


Los discípulos no dejaban de conjeturar sobre la extraña solicitud del maestro. Unos aventuraban si no se trataría de una ceremonia especial en honor de la misericordiosa Tara; otros pensaban que tal vez era que el lama les iba a hacer leer durante toda la noche las escrituras y que el agua era para evitar la excesiva sequedad de boca; otros confesaban no tener la menor idea del por qué de la insólita petición del lama. El sol, anaranjado-oro, se comenzaba a ocultar tras los inmensos picos que se divisaban a lo lejos. Los discípulos tomaron cada uno de ellos un vaso y lo llenaron de agua. Luego, ansiosos por desvelar el misterio, fueron hasta el santuario y se presentaron ante el maestro. -Bueno chicos- dijo el maestro riendo con su excelente humor- Ahora vais a hacer algo muy simple. Golpead los vasos con cualquier objeto.


-Quiero escuchar el sonido, la música capaz de brotar de vuestros vasos.Los discípulos golpearon los vasos. De los mismos no brotó más que un feo sonido sordo, desde luego nada musical. Entonces el maestro ordenó: -Ahora, queridos míos, vaciad los vasos y repetid la operación. Así lo hicieron los monjes. Vaciados los vasos, golpearon en ellos y surgió un sonido vivo, intenso, musical.


Los discípulos miraron al lama interrogantes. El lama esbozó una sonrisita amorosamente pícara y se limitó a decir: -Vaso lleno no suena; mente atiborrada no luce. Os deseo felices sueños. Los discípulos, un poco avergonzados, comprendieron al momento. Nunca habrían de olvidar aquello de "vaso lleno no suena" "Cuando eliminamos los densos nubarrones de ignorancia de la mente, en el vacío original de la misma surge el revelador sonido de la iluminación."

domingo, 27 de abril de 2008

LOS XOCOYOLES


Cuentan los que vivieron hace mucho tiempo, que había un hombre que no creía en la palabra de sus antepasados. Le contaban que al caer una tormenta con truenos y relámpagos salían unos niños llamados xocoyoles.

Los xocoyoles son los niños que mueren al nacer o antes de ser bautizados. A esos niños les salen alas y aparecen sentados encima de los cerros y los peñascos.

Cuentan que esos pequeñitos hacían distintos trabajos: unos regaban agua con grandes cántaros para que lloviera sobre la tierra; otros hacían granizo y lo regaban como si fueran maicitos; otros hacían truenos y relámpagos con unos mecates. Por eso oímos ruidos tan fuertes y nos espantamos.

Pero el hombre no creía. Un día, después de una gran tempestad, se fue a cortar leña a un cerro lleno de pinos. Cuando llegó vio a un niño desnudo, que tenía dos alas, atorado en la rama de un pino.

El hombre se sorprendió, sobre todo cuando el niño le dijo:- Si me das mi mecate que está tirado en el suelo, te cortaré toda la leña que salga de este pino.

-¿En verdad lo harás?- le preguntó el hombre. -Sí, en verdad lo haré-

Como pudo, fue uniendo varios palos. Al terminar puso el mecate en la punta y se lo dio. Cuando el niño tuvo el mecate en sus manos, le dijo al hombre que se fuera y regresara al día siguiente a recoger su leña. El hombre se fue y el xocoyol comenzó a hacer rayos y relámpagos. EL pino se rompió y se hizo leña. Cuando el niño terminó su trabajo se fue volando al cielo a alcanzar a sus hermanos xocoyoles.

Al día siguiente el hombre llegó al bosque y vio mucha leña amontonada; buscó al xocoyol y no lo encontró por ningún lado.

A partir de ese día comenzó a creer lo que le decían sus abuelos.

domingo, 9 de diciembre de 2007

EL COLOR DE LA PIEL DEL VENADO


Los mayas cuentan que hubo una época en la cual la piel del venado era distinta a como hoy la conocemos. En ese tiempo, tenía un color muy claro, por eso el venado podía verse con mucha facilidad desde cualquier parte del monte. Gracias a ello, era presa fácil para los cazadores, quienes apreciaban mucho el sabor de su carne y la resistencia de su piel, que usaban en la construcción de escudos para los guerreros. Por esas razones, el venado era muy perseguido y estuvo a punto de desaparecer de El Mayab.

Pero un día, un pequeño venado bebía agua cuando escuchó voces extrañas; al voltear vio que era un grupo de cazadores que disparaban sus flechas contra él. Muy asustado, el cervatillo corrió tan veloz como se lo permitían sus patas, pero sus perseguidores casi lo atrapaban. Justo cuando una flecha iba a herirlo, resbaló y cayó dentro de una cueva oculta por matorrales.

En esta cueva vivían tres genios buenos, quienes escucharon al venado quejarse, ya que se había lastimado una pata al caer. Compadecidos por el sufrimiento del animal, los genios aliviaron sus heridas y le permitieron esconderse unos días. El cervatillo estaba muy agradecido y no se cansaba de lamer las manos de sus protectores, así que los genios le tomaron cariño.

En unos días, el animal sanó y ya podía irse de la cueva. Se despidió de los tres genios, pero antes de que se fuera, uno de ellos le dijo: —¡Espera! No te vayas aún; queremos concederte un don, pídenos lo que más desees. El cervatillo lo pensó un rato y después les dijo con seriedad: —Lo que más deseo es que los venados estemos protegidos de los hombres, ¿ustedes pueden ayudarme? —Claro que sí —aseguraron los genios. Luego, lo acompañaron fuera de la cueva. Entonces uno de los genios tomó un poco de tierra y la echó sobre la piel del venado, al mismo tiempo que otro de ellos le pidió al sol que sus rayos cambiaran de color al animal. Poco a poco, la piel del cervatillo dejó de ser clara y se llenó de manchas, hasta que tuvo el mismo tono que la tierra que cubre el suelo de El Mayab. En ese momento, el tercer genio dijo: —A partir de hoy, la piel de los venados tendrá el color de nuestra tierra y con ella será confundida. Así los venados se ocultarán de los cazadores, pero si un día están en peligro, podrán entrar a lo más profundo de las cuevas, allí nadie los encontrará.

El cervatillo agradeció a los genios el favor que le hicieron y corrió a darles la noticia a sus compañeros. Desde ese día, la piel del venado representa a El Mayab: su color es el de la tierra y las manchas que la cubren son como la entrada de las cuevas. Todavía hoy, los venados sienten gratitud hacia los genios, pues por el don que les dieron muchos de ellos lograron escapar de los cazadores y todavía habitan la tierra de los mayas.

jueves, 15 de noviembre de 2007

¿QUE QUIERE DECIR CARCAMÁN?


Amigos y amigas, en la última vez que fui a Guanajuato a visitar a mi hermano Antonio platicando con él acerca de los apodos, frente a una humeante taza de café, le dije: -Nunca he sabido el porqué algunos amigos me dicen “Carcamán”-

Mi hermano, como buen periodista que es me contestó: -Es por una antigua leyenda de ésta ciudad, que dice que allá a principios de siglo diecinueve, vivían en una casa al fondo de la plazuela de san José, los hermanos Karkamanes, quienes llegaron de Europa y se establecieron en la ciudad como comerciantes. A mediados del año de 1803 aparecieron muertos los dos hermanos quienes ya eran de edad avanzada, y también estaba el cadáver de una bella joven que vivía en la casa de al lado. Usted podrá pensar en la verdad, la doncella mantenía relaciones con ambos hermanos al mismo tiempo. Ese día uno de los hermanos cuyo nombre era Arturo Karkamán, llegó a reclamarle a su hermano Nicolás el comportamiento con su amada. Se trabaron en feroz lucha hasta que Arturo le clavó un puñal a Nicolás, quien quedó muerto de inmediato. Estando muy malherido Arturo, salió a buscar a la doncella quien dormía placidamente en su hogar y la asesinó sin que la chica se enterara sobre su suerte. Arturo regresó a su casa y con el mismo puñal con que mató a su hermano y a su amada, se suicido.

Así es amigo lector, que si usted ya es de la tercera edad, y anda jugando a la pareja de alguna doncella joven, tenga cuidado, no lo vayan a convertir en un Carcamán.

lunes, 12 de noviembre de 2007

EL ÁNIMA DEL PUENTE DEL TRANVÍA


Allá por el año de 1950, sobre el río Nazas existían tres puentes a la orilla de Torreón. Uno donde cruzaban los automóviles y los peatones. El otro era por donde cruzaba el ferrocarril que saliendo de Torreón continuaba hacia Chihuahua y el tercero por donde corría el tranvía que iba de Torreón a Lerdo.

Esto le sucedió a Felipe de Santiago quien había sido primo de Salvador Hernández quien murió tres años antes atropellado por el tranvía que salía de la última curva antes de iniciar el cruce del puente. Eran las siete treinta de la tarde y ya estaba oscuro, el tranvía venía sin su luz encendida, por lo tanto el motorista no lo alcanzó a ver, nada más sintió el golpe que le dio a Salvador aventándolo al fondo del río.

De inmediato lo dieron por muerto, levantaron el cuerpo y lo empezaron a velar en su casa. Pasó toda la familia y los conocidos frente al ataúd del joven Salvador y empezaron los rosarios. Ya era casi la medianoche, cuando uno a uno se fueron retirando del velorio, quedando al final solo con el cuerpo a Felipe de Santiago.

Después de estar sólo, junto a la caja donde se encontraba su primo Salvador por un rato se levantó también para retirarse y cuándo llegó a la puerta de la sala escuchó una voz que le decía: -“No te vayas”- Se acerco al féretro el cual se encontraba abierto, puso su mano sobre el lado izquierdo del mismo, entonces sintió que la mano del difunto le apretó por tres veces seguidas su mano y del susto quedó sumamente impresionado.

Al día siguiente muy temprano Felipe fue a ver al padre del Sagrado Corazón de Jesús para contarle lo sucedido. El sacerdote, hombre muy beato le dijo: -“Lo que pasa es que tu primo Salvador vio el infierno, el purgatorio y el cielo y como no estaba confesado al momento de su muerte, regresó para avisarte que reces mucho por él”- En ese instante Felipe se dio cuenta que se encontraba baldado de su brazo izquierdo. Entonces Felipe le pidió al sacerdote que dijera tres misas por su primo. Al tercer día al terminar la misa, el brazo de Felipe recuperó su movimiento.

Felipe de Santiago, no volvió a pasar por el puente del tranvía, porque a partir de esa fecha después de las once de la noche los perros aullaban de manera lastimera cuando la gente se acercaba a dicho puente.

miércoles, 17 de octubre de 2007

LA PIEDRA NEGRA DE NOPOLÓ


Dice la leyenda, que en la época del buceo de perlas en el mar de California, salieron un día de abril la armada de buzos loretanos, entre los cuales, el buzo Liango se dirigió en. su embarcación a las playas de Nopoló, donde inició el buceo de conchas, de las que obtuvo algunas y ante la presencia de una enorme mantarraya no pudo continuar dicha actividad. Al trasladarse a la playa y revisar su escaso producto, se sorprende al encontrar una perla del tamaño de un huevo de paloma de siete milímetros de diámetro y de un color negro azabache deslumbrante. Ésta se la vendió, en el año de 1925, al gerente de la salina del Carmen, el francés Gabriel Milhé, quien se la mostró a Jorge Von Borstel, comerciante de La Paz, que asombrado por la perla la compró en siete mil pesos; posteriormente Von Borstel hizo un viaje a París, Francia, donde logró venderla en once mil dólares, a la casa Rosenthal Freres. A los cinco meses, Von Borstel recibió una carta de Rosenthal, donde le informa que la perla le había sido vendida a un judío ruso en veintiocho mil dólares quien dijo, al comprarla, haría un buen negocio con ella ¿En donde estará La Perla Negra de Nopoló?. Así, se menciona que el destino final de esta joya fue adornar la corona real de una reina europea.

viernes, 28 de septiembre de 2007

LA PIEDRA LARGA


Por el camino que atraviesa la sierra de las Cacachilas y que une la carretera transpeninsular con el que llega al valle de Los Planes, pasando por ranchos como Los Divisaderos, Las Calabazas y Los Encinitos, se localiza el rancho de Agua de los López, antigua comunidad donde moran familias de ese apellido. A unos dos kilómetros del rancho se encuentra una conformación rocosa en la que sobresale una piedra que se eleva varios metros sobre las demás la cual, por su original configuración, los lugareños la conocen con el singular nombre de “La Piedra Larga”. Lo anterior no tendría nada de extraordinario, ya que en otros lugares de la entidad y no digamos de la República Mexicana, existen innumerables sitios en los que pueden observarse estructuras pétreas de esta naturaleza. Lo que le da especial interés a la “piedra larga” es el hecho de ser un centro ceremonial utilizado por los antiguos pobladores Guaycuras, para rendirle culto a su dios Guamongo. Aunque los cronistas religiosos de esa época no dicen nada al respecto, debemos tomar en cuenta las versiones orales que se ha sucedido a través de varias generaciones, para hacernos a la idea de la existencia de esos centros de reunión donde el Guama o hechicero de la tribu invocaba los favores de su dios tutelar. Cuando llegaron los primeros españoles a la península encabezados por Fortún Jiménez, en 1533, los indígenas se refugiaron en lo alto de la sierra, seguramente en aquellos lugares donde con antelación los tenían previstos para esos casos. Y lo mismo sucedió con los subsecuentes arribos de las expediciones, entre ellas las de Hernán Cortés, Francisco de Ulloa y Sebastián Vizcaíno. Es de creerse que el Guama aprovechaba las congregaciones alrededor de la “piedra larga”, para hacer conjuros en contra de los invasores que en mala hora llegaron a entorpecer y en otros casos a destruir sus tradiciones y formas de vida. Allí, amparados por las sombras nocturnas, debieron haberle pedido a Guamongo que castigara a los hombres blancos con enfermedades hasta causarles la muerte. Tantas invocaciones sirvieron de algo, por que durante 165 años los grupos expedicionarios no lograron hacer huesos viejos en la península califórnica, largo tiempo durante el cual las tribus de los cochimíes , los guaycuras y los pericúes siguieron siendo dueños de su habitat, resguardando sus costumbres y creencias. A partir de 1697, con el arribo de los sacerdotes jesuitas y con ellos un nuevo dios que hablaba de bondad y del bien, el ser omnipresente de los indígenas invocados por los hechiceros se sintió relegado, pero no tanto para que no continuaran con sus tenebrosos ritos en su honor. Incluso en pleno periodo de catequización, cuando las misiones florecían en toda la península, todavía los indígenas sostenían sus costumbres paganas, ya que de hecho era lo último a que podían aferrarse al ver que su mundo desaparecía por obra y gracia de los conquistadores. Ha pasado mucho tiempo pero la fama del centro ceremonial de la “piedra larga” no ha desaparecido. Los habitantes de los ranchos diseminados a todo lo largo de la sierra de las Cacachilas, incluyendo las comunidades de Palo de Arco y Los Divisaderos, relatan sucesos ocurridos años atrás, donde los fines de semana que coincidían con la luna llena, se veían figuras humanas danzando al filo de la medianoche, y se escuchaban voces que invocaban a Satanás, como antes los nativos lo hacían a Guamongo. Se platica que a esos aquelarres llegaba gente de diversos puntos de la región, desde los ranchos alejados de El Remudadero y San Venancio, hasta los que se encuentran en los alrededores de El Triunfo y San Antonio. Algunos de los involucrados en estas ceremonias desaparecían de sus comunidades los fines de semana y se hacían presentes en la “piedra larga”, sin que se explicaran los medios utilizados para recorrer tan largas distancias entre uno y otro lugar. Todavía en la actualidad existen versiones de que en ese lugar se oyen ruidos extraños en las noches de luna, por lo que los moradores de esa zona evitan acercarse, so pena de verse envueltos en los remolinos de los maleficios que originan las fuerzas del mal. Por eso, los visitantes que desen conocer el sitio donde se encuentra esta descomunal piedra deben hacerlo durante el día, ya que lo contrario pueden encontrarse con la presencia de Guamongo, ese extraño dios de los Guaycuras que no teniendo forma ni sustancia, influyó decisivamente en sus costumbres y formas generales de vida.

viernes, 3 de agosto de 2007

LA APARCIÓN DEL VILLISTA


Mi abuelo me platicó de don Marcelino, un viejo que fue muy amigo de él. Singular trasnochador siempre anduvo en pos de su adorada Clotilde. Cierto día fue citado por ella para que se presentara en el balcón de la recámara donde vivía la mujer de sus sueños. Él llegó muy puntual y se apostó en la esquina, desde donde dominaba el balcón, desde donde se filtraba la luz que producía un candil cargado con petróleo.

Don Chelino se paseaba de un lado a otro esperando que apareciera la silueta de su mada, los minutos pasaron lentamente y la novia no salió, tal vez porque se quedó dormida, pero en resumidas cuentas, ella quedó mal con la cita.

Don Marcelino ya fastidiado por tanta espera, decidió regresar a su domicilio, a los primeros pasos, oyó un ruido tras él, volvió rápidamente la cara pero no descubrió nada. Llego a la esquina de Matamoros e Hidalgo y tenía que seguir hasta la plaza, pero como a cincuenta metros, debajo de una higuera vio a un hombre vestido de negro a la usanza de los villistas, con sus cananas cruzadas sobre el pecho y su mauser en la mano derecha, fumando un puro que al inhalar el humo del tabaco, dejaba caer algunas chispas que se apagaban con el soplo de la brisa.

No quiso pasar frente al villista, y regresó a la esquina para dar un rodeo. Y tomar la calle Zaragoza pero, a unos pasos, se topó con la presencia de un borrego que estaba de pie a media calle y que lo observaba con tono amenazador atajándole el paso.

Nuevamente regresó a la esquina, y volvió la cara hacia la higuera donde el revolucionario estaba fumando su puro, entonces tomó por la calle de Matamoros pero a media cuadra se encontró con un chivo que también le atajó el paso. Casi con desesperació quizo regresar a la casa de su novia pero a sesenta metros estaba un Guamúchil y en la parte media del árbol estaba una enorme calavera con sus canillas cruzadas, meciéndose de atrás hacia delante con la cuenca de los ojos fosforescentes.

No tuvo más remedio que solicitar albergue en una casa, donde pidió quedarse ahí hasta que clareara el día.

Le explico al dueño de la casa de los pormenores de lo que le había sucedido durante la noche. El dueño de la casa le explicó a Don Marcelino con voz calmada, que bajo de esa higuera, Pancho Villa fusiló personalmente a ese soldado villista por traidor y desde entonces se aparece este revolucionario misterioso fumando su puro.


Y mi abuelo se reía mucho de don Chelino, diciendo: "Eso les pasa mucho a los enamorados, ven fantasmas donde quiera"

martes, 31 de julio de 2007

¿TE GUSTAN LAS LEYENDAS? LA LLORONA


Una de las más viejas leyendas del país, es la aparición de una mujer de cabellera abundante y desordenada, que llora sus penas en medio del silencio de la noche por sus hijos.

Desde los tiempos de la dominación española, nuestros mas insignes poetas, escritores y dramaturgos se ocuparon del tema y nos dejaron constancia de su existencia.

Manuel Carpio, Juan de Dios Peza, Vicente Riva Palacio y muchos más, dieron espacio y escenario en sus letras para la mujer en pena.

Lo curioso es que el motivo de tanto dolor difiere de lugar en lugar, de persona a persona y de tiempo en tiempo.

Unos dicen que es la casta novia que en vísperas de casarse perdió al bienamado galán y enloqueció por el fracaso amoroso y ya no pudo tener hijos.

Otros cuentan que es la sombra doliente de una viuda que, a la muerte de su esposo quedó desamparada y llora por la angustia de ver a sus hijos hambrientos.

Muchos más opinan que aquella mujer en vida, mató a todos sus hijos en un arranque de locura y desde entonces anda buscándolos.

Hay quienes platican, que es la dulce hija de una noble familia, rica y opulenta, que en un arranque de celos mató al esposo y los hijos la vieron y le reclamaron su infame acción.

La tradición de la Llorona tiene sus raíces desde la mitología de los antiguos mexicanos que habla de la diosa Cihuacóatl, que se convertía en una mujer angustiada que lloraba por sus hijos, porque algún día se iban a perder para siempre.

Muchos soldados de la conquista, aseguraban que la Llorona era doña Marina, la Malinche que venía a penar del otro mundo por haber traicionado a los indios de su raza.

En algún pueblito de nuestro país hubo quien dijo que un marido celoso mató a su esposa, quien se le aparecía a su conyuge para reclamarle por los hijos que ya no iba a tener.

Ahora ya casi nadie se acuerda de la Llorona, ni como empezó esta leyenda, pero yo recuerdo que muchas abuelitas se las contaban a sus nietos para asustar a sus nietos, invitándolos a portarse bien.

La Llorona ha sido tan famosa en México que gracias a la globalización de la cultura, fue importada por otros países sudamericanos, donde todavía se dice que se aparece esta mujer enfundada en un traje vaporoso, quien busca a sus hijos en los callejones, en los panteones, en los ríos, en los montes, en las ruinas destruidas gritando en el silencio de la noche: AAAYYYY MIS HIJOS, AAAYYYY, AAAYYYY MIS HIJOS.........

viernes, 27 de julio de 2007

¿TE GUSTAN LAS LEYENDAS? LA PERLA DE LA VIRGEN


El buceo de las perlas data desde muchos siglos antes de que llegaran las huestes de Cortés a estas tierras. Los primeros españoles al arribar a la Bahía de La Paz conocieron de los arreglos que se hacían en el pelo las indígenas Guaycuras y Pericúes y la ambición por tan bellas tesoros sacados del fondo del mar, se hizo patente entre los soldados y marineros. Al llegar los misioneros Jesuitas e ir construyendo sus misiones se dieron cuenta que desde la desembocadura del río colorado hasta las aguas de San José del Cabo se podían bucear las conchas de madreperla y sacar de su interior tan apreciadas joyas. Para esto se organizaron varias flotas de pequeñas embarcaciones donde los buzos se acercaban a las bahías, ensenadas y playas cercanas a la costa insular y a las islas del mar de Cortés.

Cuenta una leyenda, que por allá a finales de 1720 todas las embarcaciones que conformaban la flota de Loreto, estaba esperando que los misioneros abrieran la temporada de buceo de perlas con la ceremonia religiosa acostumbrada, donde los pescadores iban a buscar la protección divina.

Después que asistían a la misa todos los buzos, los misioneros se embarcaban en unas pequeñas chalupas e iniciaban una procesión por la ensenada de Loreto, donde eran seguidos por las embarcaciones de los buzos, quienes cantaban y rezaban; luego se dirigían hacia la isla del Carmen y los sacerdotes mas viejos regresaban a la playa, pero uno o dos de los sacerdotes mas jóvenes, siguieron en sus ligeras embarcaciones a la flota de buzos, para recoger las primeras perlas que se dedicaban a la virgen de Loreto patrona de la población. Las embarcaciones de la flota perlera, fueron escogiendo los lugares donde sabían que se encontraban los placeres perlíferos.

Serían cerca de las diez de la mañana, cuando en una de las embarcaciones iba un indígena pericú muy alto y musculoso, el bote se paró y tiraron el ancla, el buzo se preparó atándose la redecilla para recoger las conchas, tomo su fisga para espantar a los tiburones y después de haberse persignado, se encomendó a la virgen y se tiró al agua. La profundidad en ese lugar era de trece brazas adonde no bajaban otros buzos, pero el indígena era muy vigoroso y fácilmente llegó al fondo del mar donde encontró un rico placer. En eso vio una enorme concha y al tomarla de repente se le oscureció todo alrededor; era la sombra de una enorme manta cubana que se detuvo encima de él.

El indígena se dio cuenta de inmediato del peligro que esto representaba para él, pensó de inmediato en la virgen y se asió de una enorme piedra, la manta gigante lo vio y empezó a acercarse al indígena. No supo que hacer pues su situación se volvió angustiosa, y cuando ya estaba lo suficientemente cerca, recordó que en la mano traía la fisga que le servía de defensa y con un fuerte golpe se la clavó atrás de la cabeza; la manta se revolvió furiosa por el dolor y ascendió dejando remolinos de agua, que permitieron que el joven ascendiera velozmente hacia la piragua donde él había iniciado su buceo. La manta regresó tras de su presa, y cuando el joven estaba por tomarse de la borda, el pez llegó casi a un lado del indígena cuando sus compañeros lo arponearon desde la embarcación. La manta inició un veloz nado a través del mar, y cuando el cabo del arpón llegó al final de toda su extensión, empezó a remolcar a la piragua, la proa de ésta golpeó al indígena dejándolo semiinconsciente. El animal nadó en todas las direcciones en forma loca, hasta que por fin sucumbió. Cuando la piragua regreso por el indígena lo subieron a bordo y cuando recobró el conocimiento el solo alcanzó a decir: -Que mala suerte tuvo hoy la Virgen conmigo, yo que le quiero regalar muchas perlas y solo saqué esta ostra- El capitán del chapulín tomó al bivalvo y con su cuchillo abrió a la ostra y se llevó una sorpresa, en el fondo de la concha se encontraba una gran perla casi transparente de color blanco y nítido oriente, brillaba con todos los colores del arco iris, con un gran tamaño y forma, parecía un huevo de paloma.

Todos lo que estaban en la embarcación guardaron silencio y muy emocionados regresaron hacia Loreto sin intentar pescar más perlas. Total, que la que dirigió a la panga hasta ese lugar, la que escogió al buzo, la que lo llevó hasta el fondo, la que lo salvó de la manta fue la Virgen; la perla le pertenecía totalmente a ella y fieles a sus creencias la depositaron en su custodia.

Siempre se ha hablado de esta leyenda por toda la Baja California, que se conoce como la “Perla de la Virgen” Así me la platicaron y así se las transcribo.

martes, 24 de julio de 2007

¿TE GUSTAN LAS LEYENDAS? LA MARIPOSA MONARCA


Amigos y amigas, si revisan los libros que yo he escrito, hay uno muy precioso que se llama: "EL BAILE DE LAS MARIPOSAS" en el cual relato los sueños de Tzitziqui, una niña purépecha que quiere bailar como las mariposas. Le envié esta novela a una escritora del estado de Guanajuato para que la criticara y de inmediato ella me envió una nueva leyenda que se llama: "LA MARIPOSA MONARCA" la cual transcribo tal como me la envió esta escritora. Ojalá sea de tu deleite:


"Hace muchos siglos sucedió una tragedia en los bellos y tupidos bosques de nuestro país. Sucedió según cuenta la leyenda que un grupo de muchachitas se internaron en la arboleda y se perdieron para siempre. Sus padres las buscaron durante mucho tiempo, de día o de noche, cuando llovía o cuando estaba a secas, pero nunca las encontraron. Muchos amigos de sus padres también contribuyeron con la búsqueda, pero sus gritos fueron en vano, se perdieron en el aire, nunca fueron escuchados por las niñas y nunca se les volvió a ver. Se perdieron para siempre. Era una etapa en que aún los meses no tenían nombre y sólo los elementos de la naturaleza regían el tiempo. Se pierde en la noche del tiempo y de la vida lo que sucedió. Las niñas perdidas, caminaban siempre tomadas de la mano y lloraban con desesperación inutilmente y seguían caminando noche y día sin rumbo fijo y sus llantos conmovían a los mismos árboles. Entre los matorrales revoloteaban unas hermosas mariposas blancas que se posaban una y otra vez sobre las cabecitas de las niñas como queriendo hablarles e indicarles el camino, pero el lenguaje de las mariposas no lo entendían ellas.


Por fin las muchachitas se cansaron, se abrazaron una con otra, se acurrucaron y quedaron dormidas para siempre. Era el tiempo que ahora conocemos con los nombres de octubre y noviembre que es cuando los campos se visten de la mexicana flor de zempazuchitl, esa amarilla y aterciopelada flor, manchada de color púrpura que también se conoce como la flor de muertos. En el sitio donde quedaron las niñas muertas se había formado un charquito con sus lágrimas y ahí nacieron muchas de esa flores amarillas. Las mariposas blancas se dieron cuenta de la desgracia de las niñas y se unieron para proteger a las niñas con sus alas. Quizas también esas mariposas blancas también lloraron su desgracia, pues cuando al día siguiente levantaron el vuelo sus alas blancas ya estaban manchadas de un color amarillo con negro. Entonces las mariposas muy dolidas levantaron el vuelo y se fueron muy lejos, hasta las tierras remotas del norte donde se pararon para comentar lo sucedido a las niñas. Las mariposas de esa región que aún tenían las alas blancas querían lucir los colores que traían las que habían llegado. Entonces en el siguiente octubre y noviembre acompañaron a esas Mariposas Monarcas hasta las regiones de Michoacán para posarse sobre los oyameles y para chupar el nectar de esas flores amarillas que habían nacido donde quedaron muertas las niñas. De inmediato a las mariposas blancas que acaban de llegar les cambió el color de sus alas. Cuentan algunos leñadores de esos bosques, que a veces ven grupitos de mariposas que en vez de posarse en la hojas de los árboles, forman montoncito en el suelo como buscando algo. ¿Que será?"


Así me enviaron esta leyenda. ¿Tu que piensas? lo único que yo digo es que ojalá no hubiera más leñadores que tumban los árboles donde se posan las Mariposas Monarcas.

miércoles, 18 de julio de 2007

¿TE GUSTAN LAS LEYENDAS? EL NOMBRE DE CALIFORNIA


Cuando Cristobal Colón se encontró con tierras desconocidas buscando el paso hacia las Indias de donde iba a llevar más facilmente las especias a Europa, dióse a soñar con mejores descubrimientos, con nuevas tierras y con más grandes riquezas que las que encontro en las islas del mar Caribe. El caballero y escritor Garci Ordoñez de Montalvo, al escuchar al almirante lo que decía de esa gran isla habitada por mujeres, cuya reina se llamaba Calafia, armadas de arcos y flechas a las que llamo Amazonas y que montaban unos enormes animales llamados grifos. Montalvo tomó de las Sergas de Esplandián, la Canción de Rolando que dice: Sepan que a la derecha de las Indias, hubo una isla llamada California, muy parecida al paraíso terrenal la cual estaba habitada por mujeres negras, muy bellas donde vivían solas sin tener hombres que las acompañaran. Montaban unas enorme fieras cuyas guarniciones eran de oro. Las armas de la mujeres eran de oro y se cubrían el cuerpo con muchas perlas. Por más de treinta y ocho años, después del descubrimiento de América, el nombre de California quedó en los sueños españoles y fue hasta el 3 de mayo de 1533 que Hernán Cortés llega a la península a una bahía a la que llama de la Santa Cruz (hoy La Paz) De esta leyenda engendrada por Colon. Que hizo crecer en las Sergas de Esplandián. Sacada por Montalvo de La Canción de Rolando. Hernán Cortés y Nuño de Guzmán salen en su busca y finalmente un escritor conocido como Alarcón el que bautiza como California a estas tierras.

viernes, 13 de julio de 2007

¿TE GUSTAN LAS LEYENDAS? EL VIOLIN DE DON PASCASIO


Mi abuelo Paco era un hombre ya anciano cuando yo era aun niño. Fue un señor alto de pelo escaso, con una barba tupida y larga, ojos azules de mirada franca, su carácter muy alegre y platicador. Era muy bueno para caminar, con pasos largos recorría la labor de los ranchos que aun les quedaban a los Lavín.

Mi abuelo paterno murió por un accidente en un camino vecinal que iba del rancho Bucareli hacia el poblado de Dinamita. Al evocarlo vuelvo a ver como era mi pequeña ciudad de Lerdo con sus casas y bardas de adobe, las calles con acequias que regaban todas las huertas de la ciudad.

Entre los contemporáneos de mi abuelo había un señor ya anciano, de estatura regular, flaco y de ojos negros y brillantes, amante de la música. Cuando este anciano que se llamaba Pascasio era joven fue sacristán, sabía leer la Biblia y tocaba el violín, cantaba himnos religiosos. Vivía solo en un cuarto de adobe rodeado de higueras dentro de un pequeño huerto. La casa de Don Pascasio estaba cerca del río Nazas, así es que él iba muy seguido al río para lavar sus ropas y él se bañaba en el mismo río.

Don Pascasio mantenía cerrada la puerta de su casa, espiaba a los vecinos por las rendijas de su puerta, vivía pobremente y cuando mi abuelo le preguntaba que hacía para mantenerse, el anciano le contestaba que con poca lucha le bastaba. Oír a mi abuelo el apodo que le puso a don Pascasio era una delicia: -Buenos días “Pocalucha” ¿cómo amaneció?- Le gritaba junto a la puerta y don Pascasio salía lleno de coraje a coger piedras y tirárselas a mi abuelo.

Dentro de la habitación de don Pascasio había una cama alta, hecha con dos bancos angostos y unas tablas, una mesa con una silla y colgando de una alcayata, un violín; el fogón a ras del suelo y la tronera por donde escapaba el humo de la leña que se quemaba en esta escueta estufa. En el patio se apilaban un sinfín de enseres, desde un viejo arado, muchos trastos y los aparejos del burro que encerraba en el machero detrás de la casa. Al burro lo utilizaba para cruzar el río, para recoger leña en los montes y con ella calentar el hogar y cocinar su frugal comida.

La vida de este señor parecía rara, pero según, el decir de algunos vecinos, era un hombre con cultura, le gustaba leer libros arcaicos, sabía tocar el violín y el órgano de la iglesia así como muchos cánticos sagrados, los que a veces cantaba en latín. Era temeroso de que lo asaltaran, por eso en cuanto se metía el sol, él ya estaba dentro de su casa y no le abría a nadie.

Don Pascasio estaba lleno de misterio. En lo profundo de la noche se ponía a tocar el violín para ahuyentar al malo, al demonio, porque ese instrumento se tocaba en cruz, decía, y de esas notas salían melodías y armonías muy bellas.

Don Pascasio tendía su cuello nervudo y seco sobre la cazoleta del violín y con sus sarmentosas manos tocaba y tocaba, y parecía que en esos momentos su espíritu se liberaba con la música de aquel violín cuyas notas llenaban el aire nocturno a orillas del río Nazas.

Los vecinos ya estaban acostumbrados a oír a don Pascasio tocando su violín durante las noches; pero aun así se santiguaban temerosos sobre todo cuando escuchaban su voz, cantando himnos religiosos muy antiguos, en las sombras que preceden al alba, poco antes del canto de los gallos que anunciaban el amanecer.

Después don Pascasio removía los rescoldos de las brasas para calentar su café y las tortillas para desayunar; luego salía a darle agua al burro llevándolo al río, él se lavaba la cara y las manos. Mi abuelo le gritaba: -¡Cuidado pocalucha! Estás tan flaco, que la corriente te puede arrastrar hasta Torreón, jajaja.....- y don Tacho le gritaba: -Viejo lenguón-

Un día mi abuelo, por la mañana me dijo al levantarme: -Anoche murió Pocalucha, que Dios lo haya perdonado.

Pasado algún tiempo me contaba lo que decían los vecinos: Que después de que había fallecido don Pascasio, algunos trasnochadores que pasaban por ese rumbo, escuchaban en la tranquilidad de la noche como salía la música de esa huerta, era como si una mano invisible bajara de la alcayata al violín y pulsándolo arrancara aquellos arpegios. A quienes los oían se les ponían la carne de gallina y los pelos de punta y santiguándose apresuraban su paso para llegar pronto a sus casas, además los perros aullaban lastimeramente en esa horas de la noche.

Otros, los madrugadores, decían que de la casa abandonada de don Pascacio se escuchaban cantar himnos que parecían salir del fondo de los tiempos que decían: “Ya viene el alba, ya viene el día, daremos gracias, Ave María”

Hace mucho años que murió mi abuelo; pero yo cada vez que lo recuerdo me pregunto: ¿Qué sería de aquel violín y de su música que la gente escuchaba? Mucho tiempo después la gente se contaban unas a las otras haber escuchado aquella música y aquellos himnos de alguien que vagaba por la huerta abandonada.

lunes, 9 de julio de 2007

¿TE GUSTAN LAS LEYENDAS? LAS CIRUELAS DEL MOGOTE


Amigos, amigas, esta es una de las leyendas que escuché, cuando llegué a La Paz allá por junio de 1966 y se refiere a la CIRUELAS DEL MOGOTE. Primero dejenme decirles que todos los humanos normalmente le tenemos aversión a alguna comida en especial, unos a los mariscos, otros a la carne, otros a alguna verdura o a cierto platillo. Yo no soy la excepción, desde muy niño me opuse a comer dos verduras: los chayotes y los betabeles. Y desde el día que me enteré de esta leyenda me he negado a comer las CIRUELAS DEL MOGOTE, nunca las he comido, y nunca las comeré, díganme ustedes si tengo razón o si no la tengo. Primero permítanme explicarles que son estas ciruelas: es un fruto silvestre que crece en esta parte de la república sobre todo en el cauce de los arroyos. Hay quien dice que las más sabrosas son la que se encuentran sobre los arroyos del Piojito y del Cajoncito, son de color amarillo cuando ya estan maduras, tanto en la cáscara como en la pulpa. Hay que comerlas cuando están maduras, pues son agridulces. En su interior mantienen un hueso al que le dicen CHUNIQUE en cuyo interior tenemos una almendra, la que a muchos niños les encanta. También me enteré que a los cargadores del antiguo muelle fiscal les decían los CHUNIQUES, ellos se dedicaban a bajar y subir la carga de los pequeños buques que llegaban a este muelle antes de que llegara el FERRY. este muelle se encuentra en el malecón, y a un lado se encontraba un galerón donde estaban las oficinas de estos cargadores, esperando la llegada o salida de los buques. Cruzando la calle se encontraba la Aduana Maritima de La Paz en una casona vieja que perteneció a la familia Ruffo. (ahora hay una nevería y un restaurante)

Cuenta la leyenda que estas CIRUELAS DEL MOGOTE solucionaron un gran conflicto entre los Guaycuras, que eran los indígenas que habitaron esta parte de la península. Esta tribu estaba conformada por varias familias que tenían su propio nombre. En la zona del Mogote estaban las familias de los Guamichis y los Aripas que continuamente se peleaban por defender los límites de sus propiedades. Hubo cierta ocasión donde los Aripas lograron capturar a la hermosa hija del rey Guamichi, ella se llamaba INMIGNÁ. Su padre muy desconsolado envió varias embajadas para suplicar que se la devolvieran, pero todos sus esfuerzos fueron inútiles, ya que el rey Aripa no la quiso devolver. Como último recurso se le ocurrió enviarle al rey Aripa, gran cantidad de las ciruelas que crecen en el Mogote dentro de un gran caparazón de Caguama. Todo el pueblo de los Aripas comieron de estas ciruelas y le dieron de comer de ellas a su hijo, tanto le gustaron las ciruelas al joven, quien fue el encargado de llevar a la princesa Guamichi a su casa, que se quedo a vivir con ella dentro de esta familia Aripa.

La lleyenda trae como colorario, que todo aquel que come CIRUELAS DEL MOGOTE, se queda a vivir muy bien casado en esta región. Es por esto amigos y amigas que yo no como de estas ciruelas, no vaya a ser que me quede por acá a vivir, muy bien casado.

jueves, 5 de julio de 2007

¿TE GUSTAN LAS LEYENDAS? LOS VOLCANES


Había una vez en la antigua capital de los aztecas, Tenochtitlán (en donde ahora está el inmenso valle de México), un emperador que era muy poderoso. Unos pensaban que era sabio, otros que parco en sus alabanzas. Pero el emperador gobernaba con firmeza y esplendor, manteniendo alejadas a las feroces tribus que vivían al otro lado de las montañas.
Cuando el emperador estaba en la mitad de su vida, la emperatriz le dio un heredero para su rico reino. Era una linda y encantadora niña, a la que llamaron Ixtla. El emperador y la emperatriz la querían mucho y, como era su único hijo, la preparaban para que reinara cuando ellos murieran.
A Ixtla nunca le faltaban amigos, porque era una niña linda y cariñosa. Y cuando creció, se enamoró. Para la mayoría de las muchachas esto era un acontecimiento feliz, pero para la pobre Ixtla, no lo fue.
Su padre, que desconfiaba de todos, deseaba que ella reinara sola cuando él muriera; y le había prohibido que se casara.
Ixtla amaba a un guerrero al servicio de su padre, un fuerte y bello joven llamado Popocatépetl. Ambos se amaban más de lo que podría deciros, y, aunque eran muy felices cuando estaban juntos, sabían que la verdadera felicidad no llegaría hasta que se casaran y tuvieran hijos.
A pesar de sus súplicas, no podían convencer al emperador: Ixtla nunca se casaría.
Cuando el emperador ya era muy viejo, cayó enfermo. En ese fatídico momento las tribus enemigas del otro lado de las montañas se lanzaron sobre su reino y atacaron a sus súbditos. Sin un jefe prudente que los guiara, los soldados del emperador retrocedieron ante el ataque, hasta que todo lo que quedó de aquel gran imperio fue la ciudad de Tenochtitlán.
El emperador, enfermo, no podía designar un general que guiara a sus hombres en el combate, porque en ninguno confiaba lo suficiente. Pero sabía muy bien que si seguía pasando el tiempo y no tomaba una decisión, pronto no existiría imperio para él ni para su hija.
Entonces, lanzó una proclama: quien consiguiera vencer al ejército enemigo y lograra expulsarlo de sus dominios se casaría con su hija y regiría junto a ella los destinos del imperio.
Ixtla sintió miedo al conocer la decisión de su padre. Temía que otro valiente guerrero, y no su amado Popocatépetl, consiguiera vencer a las tribus enemigas. Prefería morir a casarse con otro.
Los soldados, al conocer la noticia, cobraron nuevos ánimos. Casarse con la princesa y regir el imperio era un premio tentador. Todos redoblaron su ardor y su astucia. Nunca antes se habían visto guerreros tan esforzados en el campo de batalla.
Pero la guerra fue larga y dura. Para entonces, las feroces tribus del otro lado de las montañas se atrincheraron en el lago de Texcoco, ante las murallas de Tenochtitlán.
Murieron muchos valientes, atravesados por los afilados machetes de obsidiana o por las lanzas. Muchos fueron también los soldados que sobresalieron por su valor en el campo de batalla.
Sin embargo, hubo uno que dobló su valentía a todos los demás y que logró sobrevivir. Era Popocatépetl, el único amor de la linda Ixtla. Al final, fue él, protegido por su grueso acolchado, empapado de sudor, quien dirigió el ataque más fuerte en la derrota del ejército enemigo y los expulsó del valle. Con gran regocijo, todos los soldados aclamaron como jefe a Popocatépetl.
Tras descansar una noche de su enorme esfuerzo, se dispusieron a llevar estas felices noticias al emperador.
Pero había algunos soldados malos que tenían envidia de Popocatépetl. Sin quedarse a descansar aquella noche, salieron sin ser vistos y al amanecer estaban ante el emperador. Y las noticias que le dieron fueron que, a pesar de que el ejército del emperador había logrado ganar la guerra, su jefe, Popocatépetl, había sido abatido en combate.
En cuanto el emperador oyó esta noticia, ordenó que el cuerno del héroe le fuera llevado para tributarle unas honras fúnebres adecuadas. Pero los malvados soldados dijeron que Popocatépetl había muerto a orillas del lago Texcoco y había caído al agua.
Pronto llegaron a oídos de la princesa Ixtla estas falsas noticias. Nada de lo que dijeran o hicieran su padre o su madre podía mitigar su dolor. Lloró y lloró, dejó de comer y de beber, y los mejores curanderos de la ciudad nada pudieron hacer para salvarla. No deseaba seguir viviendo sin su amado Popocatépetl y, al poco, exhaló su último aliento.
En el preciso momento en que moría, el victorioso desfile con Popocatépetl al frente llegaba a las puertas de la ciudad. victoriosos soldados avanzaban por las calles de la ciudad entre los vítores de la multitud, en dirección al palacio del emperador. Triunfante, Popocatépetl anunció al emperador la buena noticia de la victoria. Con lágrimas de alegría en sus mejillas, pidió la mano de la princesa.
El emperador bajó la cabeza apenado. Contó al valiente guerrero las noticias falsas que le habían dado los malvados soldados, la enfermedad de su hija al conocer la falsa muerte Popocatépetl y su muerte poco antes de que él llegara.
El rostro tranquilo y rosado del joven se puso pálido; tomando su fiel espada hizo salir a aquellos falsos profetas de su destino y los desafió a todos a un combate singular: en presencia del emperador y de todos los victoriosos soldados, se batió en duelo con ellos y mató a todos aquellos hombres envidiosos. Nadie hizo el menor gesto para detenerlo.
Realizada esta tarea, se dirigió a la habitación donde yacía el cuerno de Ixtla sobre el lecho, en el reposo de la muerte. Con increíble delicadeza la tomó en sus brazos y salió del palacio y de la ciudad. Nadie hizo el menor gesto para detenerlo.
Después de alejarse de la ciudad, se detuvo e hizo señas a los soldados que le habían seguido en su duelo. Les ordenó construir una pirámide gigantesca con todas las piedras que encontraran en la llanura. Los hombres trabajaron duro y rápidamente, mientras Popocatépetl permanecía de pie ante ellos, con el cuerpo muerto de la princesa en brazos.
Al ponerse el sol, el inmenso edificio estaba terminado. Se alzaba blanco e inmaculado, deslumbrante entre los moribundos rayos del sol.
Lentamente, Popocatépetl subió solo, llevando el cuerno de su amada. En la cima depositó con suavidad el cuerno de Ixtla, la princesa a la que tanto había amado, en una urna de oro.
Aquella noche durmió junto a la silenciosa tumba. Al alba, se dirigió a sus fieles soldados:
— Levantad ahora otra pirámide junto a ésta, un poco más alta que la primera, para que pueda ver la tumba de mi amada.
Con las luces púrpuras del atardecer la segunda gran pirámide estaba terminada y Popocatépetl inició su solitario ascenso de aquella mole de piedra, llevando esta vez una antorcha encendida. Al llegar a la cumbre, los soldados vieron desde abajo el humo ceniciento y la brillante llama roja iluminando la oscuridad de la noche. Poco a poco, el humo se volvió malva; después rojo fuerte, el color de la sangre.
Popocatépetl permaneció allí, alto y orgulloso, sujetando su antorcha en memoria de la linda Ixtla, que había muerto por su amor.
Llegaron las nieves, los años pasaron y las pirámides de piedra se convirtieron en montañas de cumbres blancas. Y allí están todavía. La del norte de Tenochtitlán es llamada Ixtla, Iztaccihuatl, la Mujer Blanca; la del sur, un poco más alta y todavía humeante, es llamada Popocatépetl, la Montaña Humeante.