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sábado, 3 de mayo de 2008

LA GOTITA DE AGUA


Había una vez una gotita de agua que se sentía muy pequeña e insignificante, no sabía que camino elegir, porque pensaba que donde estuviera nadie se daría cuenta que existía y no se verían las cosas que ella hacía.

Dios que todo lo ha hecho perfecto y que le da una misión especial a cada ser y cosa de su creación, le preguntó: -¿Qué te pasa hija mía, qué te causa tanto dolor?- -Perdóname Dios que te lo diga, pero no le encuentro sentido a mi existir, soy tan diminuta que yo sola, nada puedo hacer ni construir; siento que es vano mi trabajo, da igual conmigo o sin mí.

El Señor mirándola con ternura, la mejor de sus sonrisas le regaló y sin pensarlo le dijo: -Nada es insignificante ni pequeño ante los ojos del Creador, vale más lo que se construye con esfuerzo y sacrificio gota a gota, que aquello que fácilmente se logró… Mira a tu alrededor, hay muchas cosas que no serían lo mismo si faltara esa gotita que alguien aportó: el mar sería una gotita más pequeño, si le robaran una gota de su inmensidad; se revive un corazón con una gotita de amor; el desierto se convierte en oasis con una gotita de agua en su interior; se alimentan las plantas cada amanecer, con una gota que el rocío derramó…Una lagrima es una gota de dolor o de alegría, expresa la emoción que dejó sin palabras al corazón; un granito de arena, da inicio a una nueva construcción, de granito en granito se puede levantar la más grande edificación; con el más pequeño de los sueños, encuentra el ser para vivir una nueva razón; una gota puede rebosar el vaso y hacerlo derramar; una gotita de luz se convierte en una gran esperanza en medio de la oscuridad…

Hay quienes se lamentan por esa gota de amor que nadie les dio, existen los que piden tan poco, que necesitan así sea una gotita de comprensión para encontrar paz en su interior; una gota de silencio hace más grande el vacío y la soledad; una gota de indiferencia puede matar una relación; una gota de traición puede destruir la confianza que el otro depositó; una gotita de fe puede mover montañas y hacer los sueños realidad; una gota significa mucho más de lo que puedes imaginar, a tal punto que una gota de Sangre de mi Hijo Jesús llega a ser signo de la Salvación que al mundo con su vida ofreció. ¿Entiendes ahora lo que te digo? Eres más importante de lo que te puedes imaginar, tu pequeñez me permite demostrar mi grandeza; gota a gota se puede hacer germinar una planta, calmar la sed de toda la humanidad; con una gota de dulzura se puede acabar la amargura que le impide al alma ser feliz de verdad; una gota de tiempo pido, para que se eleve una oración; una gota que des o quites, modifica todo ya sea para bien o para mal… así que no digas que las cosas contigo o sin ti son igual.

Después de escuchar las palabras que con amor le dijo Dios, la gotita se fue pensando en todo lo que podría aportar si lograse entrar a cada corazón y convertirse en una gota de amor que los hombres y mujeres quieran al mundo regalar, para poder construir, la verdadera Paz.

¿Alguna vez te ha pasado que te sientes como una gotita pequeña y solitaria que siente que nada vale, ni sabe que camino tomar?

Recuerda esta pequeña historia, y ten presente que en lo más pequeño y sencillo, la perfección de Dios ha de estar.

martes, 22 de abril de 2008

UN VENADO MAL REPARTIDO


Un ranchero de la Purísima se encontró en el campo con un venado asustado y lo mató. Para evitar que otros lo descubrieran, lo enterró al pie de un cardón y lo tapó con ramas. Poco después olvidó el sitio donde lo había ocultado y creyó que todo había ocurrido en un sueño. Lo contó, como si fuera un sueño, a toda la gente. Entre los oyentes hubo uno, que fue a buscar el venado escondido y lo encontró. Lo llevó a su casa y dijo a su mujer:

-Fijate que el Cenobio soñó que había matado un venado y olvidó dónde lo había escondido y ahora yo lo he encontrado. Ese Cenobio sí que es un soñador.

-Tú habrás soñado que viste a tu amigo que había matado un venado. ¿Realmente crees que hubo un ranchero del pueblo? Pero como aquí está el venado, tu sueño debe ser verdadero -dijo la mujer.

-Aun suponiendo que encontré el venado por un sueño -contestó el marido- ¿a qué preocuparse averiguando cuál de los dos soñó?

Aquella noche el Cenobio volvió a su casa, pensando todavía en el venado, y realmente soñó, y en el sueño soñó el lugar donde había ocultado el animal y también soñó quién lo había encontrado.


Al alba fue a casa del otro y encontró el venado. Ambos discutieron y fueron ante el juez, para que resolviera el asunto. El juez le dijo al ranchero:

-Realmente mataste un venado y creíste que era un sueño. Después soñaste realmente y creíste que era verdad. El otro encontró el venado y ahora te lo disputa, pero su mujer piensa que soñó que había encontrado un venado que otro había matado. Luego, nadie mató al venado. Pero como aquí está el animal muerto, lo mejor es que se lo repartan.

El caso llegó a oídos del delegado de la Purísima quien dijo:

-¿Y ese juez no estará soñando que reparte un venado? Lo mejor es que vaya yo por él, y me lo quede para mi solito, ya que para eso soy el Delegado.

viernes, 18 de abril de 2008

LA VIEJECITA Y LA ARAÑA


En una casita, en lo alto de una montaña, vivía hace tiempo una viejecita muy buena y cariñosa.


Tenía el pelo blanco y la piel de su cara era tan clara como los rayos del sol.


Estaba muy sola y un poco triste, porque nadie iba a visitarla.


Lo único que poseía era un viejo baúl y la compañía de una arañita muy trabajadora, que siempre le acompañaba cuando tejía y hacía labores.

La pequeña araña, conocía muy bien cuando la viejecita era feliz y cuando no.


Desde muy pequeña la observaba y había aprendido tanto de ella que pensó que sería buena idea intentar que bajara al pueblo para hablar con los demás. Así aprenderían todo lo que ella podía enseñarles.

Ella les enseñaría a ser valientes cuando estén solos, a ser fuertes para vencer los problemas de cada día y algo muy, muy importante a crear ilusiones, sueños, fantasías.


Las horas pasaban junto a la chimenea y las dos se entretenían bordando y haciendo punto.


La viejecita, apenas podías sostener las madejas y los hilos en sus brazos.

¡Qué cansada me siento!, ¡Me pesan mucho estas agujas!. Decía la ancianita.La arañita, la mimaba y la sonreía.

Un día, la araña, pensó que ya había llegado el momento de poner en práctica su idea.¿Sabes, lo que haremos?.


¡Iremos al mercado a vender nuestras labores!. ¡Así, ganaremos dinero y podremos ver a otras personas y hablar con ellas!.


La anciana no estaba muy convencida.¡Hace mucho tiempo que no hablo con nadie!.


Dijo: la anciana. -¿Crees que puede importarle a alguien lo que yo le diga?. -¡Claro que sí!. ¡Verás como nos divertimos!.

Se pusieron en marcha, bajaron despacito, como el que no quiere perder ni un minuto de la vida.

Iban admirando el paisaje, los árboles, las flores y los pequeños animalitos que veían por el camino.


Llegaron al mercado y extendieron sus bordados sobre una gran mesa.


Todo el mundo se paraba a mirarlos. ¡Eran tan bonitos!.

La gente les compró todo lo que llevaban. ¡Además hicieron buenos amigos!.


Enseguida, los demás, se dieron cuenta de la gran persona que era la viejecita y le pedían consejo sobre sus problemillas.


Al principio, le daba un poco de vergüenza que todo el mundo, la preguntara cosas. Pero poco a poco descubrió el gran valor que tienen las palabras y cómo muchas veces una palabra ayuda a superar las tristezas.


Palabras llenas de cariño como: ¡Animo, adelante, puedes conseguirlo! . ¡Confía en ti, cree en ti!.


Ella también aprendió ese día, que las cosas que sentimos en el corazón, debemos sacarlas fuera, quizá los otros puedan aprovecharlas para su vida.

La arañita le decía a la anciana: -¡Deja volar tus sentimientos, se alegre, espontánea, ofrece siempre lo mejor de ti!.


La viejecita y la araña partieron hacia su casita de la montaña.

Siguieron haciendo bordados y bordados.


Trabajaban mucho y cuando llegaba la noche la araña se iba a su rinconcito a dormir. La anciana se despedía de ella y le decía: -¡Gracias por ser mi amiga!.


¡Un amigo, es más valioso que joyas y riquezas, llora y ríe contigo y también sueña!.


Mientras sentía estos pensamientos, la viejecita se iba quedando dormida, sus ojos cansados se cerraron y la paz brilló en su cara.


La luna les acompañaba e iluminaba la pequeña casita y nunca, nunca estaban solas.


Más allá, muy lejos, sus seres queridos velaban sus sueños.

martes, 1 de abril de 2008

EL GATO GARABATO


El gato de mi tío Chato, se llama Garabato. Es un gato muy tragón. Mi tío Chato tiene un huerto y en el huerto hay un nogal. Una vez había un nido en el nogal, la mamá del canarito le prohibió a su hijo salirse del nido. El canarito no le hizo caso, se salió del nido y el gato se lo comió.


Otra vez un gorrión hizo su nido y nació el gorrioncito. Su mamá pensando en lo que le pasó al canarito le dijo: "No te salgas del nido para que no te coma el gato" El gorrioncito le hizo caso a su mamá y no se salió del nido. Pero el gato mañoso se metió al nido y se cenóa al gorrioncito.


Finalmente un águila también hizo su nido en el nogal y cuando nació el aguilita su papá le dijo: "Si te digo que no te salgas del nido y a lo mejor me desobedeces y te come el gato como al canarito. Y si me obedeces como el gorrioncito obedeció a su mamá, el gato Garabato se metió al nido y se lo comió, no se que voy a hacer contigo" El aguilita le dijo: "Déjamelo papá, yo si se que hacer con el gato Garabato.


Cuando el gato se metió al nido, el aguilita se escondió y cuando Garabato se descuidó, con su pico filoso la cola le mordió. Garabato salió huyendo y mi tío Chato está triste porque el gato Garabato ya va llegando a Guanajuato.

jueves, 21 de febrero de 2008

LA LEY DEL CAMIÓN DE LA BASURA


¿Qué tan a menudo permites que las cosas absurdas de otras personas te cambien el humor?

¿Permites que los pésimos conductores, los meseros irrespetuosos, el brusco de tu jefe o algún empleado insensible te arruinen el día?

Cada vez que tienes una mala experiencia con este tipo de personas, por lo menos te dejan siempre medio tambaleando al menos que seas "Terminator" . Mas sin embargo, una de las características de las personas con éxito es el hecho de que en lugar de quedarse clavados en esa mala experiencia, es que tan rápido se pueden volver a enfocar en lo que realmente es importante

Hace veinte años yo aprendí esa lección. La aprendí en el asiento trasero de un taxi.

Esto fue lo que sucedió: Me subí a un taxi rumbo al aeropuerto y cuando íbamos por el carril de la derecha, por poco nos estrellamos con un carro que así de repente y de la nada salió como bólido de donde estaba estacionado.

El conductor del taxi en que iba alcanzó a frenar a todo lo que daba, el taxi se derrapó y por un pelo de rana casi le pegamos al auto que quedó frente a nosotros.

Después de esto, el conductor del OTRO auto, el tipo que casi causó el accidente, asomando la cabeza por la ventanilla comenzó a gritarnos una cantidad horrible de insultos y majaderías. Todavía recuperándome del susto lo que acabó de sacarme de mis casillas fue la actitud del chofer de mi taxi, quien en forma extremadamente amistosa y cortés le sonreía y saludaba con la mano al conductor del otro auto. Yo estaba furioso y confundido, pero no me quedé con las ganas y le pregunté al chofer de mi taxi que porque se ponía a sonreír y saludar al tipo que casi nos hizo chocar, arruinar su taxi y posiblemente hasta enviarnos al hospital. Entonces, el taxista con voz pausada me contó lo que ahora yo llamo "La Ley del Camión de Basura".

Mire, me dijo: ¿Ve aquel camión de basura? Sí, le dije ¿y eso que tiene que ver? Pues, así como esos camiones de basura, existen muchas personas que van por la vida llenos de basura, frustración, rabia, y decepción. Tan pronto como la basura se les va acumulando, necesitan encontrar un lugar donde vaciarla, y si usted los deja seguramente le vaciarían su basura, sus frustraciones, sus rabias y sus decepciones.

Por eso cuando alguien quiere vaciar su basura en mí, no me lo tomo a personal; sino tan solo sonrió, saludo, les deseo todo el bien del mundo y sigo mi camino. Hágalo Usted también y le agradara el haberlo hecho, se lo garantizo.

A partir de ese día comencé a pensar que tan a menudo permito que estos Camiones de Basura me atropellen; y me pregunté a mi mismo que tan a menudo recojo esa basura y la esparzo a otra gente en casa, en el trabajo o en la calle. Así que me prometí que ya jamás lo iba a permitir. Comencé a ver camiones de basura y así como el niño de la película "El Sexto Sentido" decía que veía a los muertos, bueno ahora así yo veo a los Camiones de Basura. Veo la carga que traen, los veo que me quieren echar encima su basura, sus frustraciones, sus rabias y sus decepciones y tal y como el taxista me lo recomendó, no me lo tomo a personal, tan solo sonrió, saludo, les deseo lo mejor y sigo adelante.

Uno de mis jugadores favoritos de fútbol Americano es Walter Payton , me gusta como jugaba, pues siempre se levantaba como resorte en cuanto era atacado y tirado al suelo. Nunca se retrasaba para anotar un touchdown. Payton siempre estaba listo para sacar la mejor jugada.
Los buenos líderes saben que tienen que estar listos para su próxima reunión.
Los buenos padres saben que tienen que recibir a sus hijos con besos y abrazos.
Los lideres y los padres saben que tienen que estar física y mentalmente presentes y en su mejor estado para la gente que realmente es importante para ellos.

En resumen, la gente exitosa no permite que los Camiones de Basura absorban su día.

¿Y tu? ¿Que pasará en tu vida a partir de este momento?

¿Optas porque los camiones de basura solo te pasen de lado?

Te apuesto que serás mas feliz. De hecho, te lo garantizo.

lunes, 24 de diciembre de 2007

EL PORQUÉ DE LA NAVIDAD


Érase una vez un hombre que no creía en Dios. No tení­a reparos en decir lo que pensaba de la religión y las festividades religiosas, como la Navidad. Su mujer, en cambio, era creyente y criaba a sus hijos en la fe en Dios y en Jesucristo, a pesar de los comentarios desdeñosos de su marido.
Una Nochebuena en que estaba nevando, la esposa se disponía a llevar a los hijos al oficio navideño de la parroquia de la localidad agrícola donde vivían. Le pidió al marido que los acompañara, pero él se negó. -Que tonterí­as! -arguyó-. ¿Por qué Dios se iba a rebajar a descender a la Tierra adoptando la forma de hombre? ¡Que ridiculez! Los niños y la esposa se marcharon y él se quedó en casa.

Un rato después, los vientos empezaron a soplar con mayor intensidad y se desató una ventisca. Observando por la ventana, todo lo que aquel hombre veí­a era una cegadora tormenta de nieve. Y decidió relajarse sentado ante la chimenea.

Al cabo de un rato, oyó un golpazo; algo había golpeado la ventana. Luego, oyó un segundo golpe fuerte. Miró hacia afuera, pero no logró ver a más de unos pocos metros de distancia. Cuando empezó a amainar la nevada, se aventuró a salir para averiguar que habí­a golpeado la ventana. En un campo cercano descubrió una bandada de gansos salvajes. Por lo visto iban camino al sur para pasar allí el invierno, y se vieron sorprendidos por la tormenta de nieve y no pudieron seguir. Perdidos, terminaron en aquella finca sin alimento ni abrigo. Daban aletazos y volaban bajo en cí­rculos por el campo, cegados por la borrasca, sin seguir un rumbo fijo. El agricultor dedujo que un par de aquellas aves habían chocado con su ventana.

Sintió lástima de los gansos y quiso ayudarlos. -Serí­a ideal que se quedaran en el granero -pensó-. Ahí estarán al abrigo y a salvo durante la noche mientras pasa la tormenta. Dirigiéndose al establo, abrió las puertas de par en par. Luego, observó y aguardó, con la esperanza de que las aves advirtieran que estaba abierto y entraran. Los gansos, no obstante, se limitaron a revolotear dando vueltas. No parecía que se hubieran dado cuenta siquiera de la existencia del granero y de lo que podrí­a significar en sus circunstancias. El hombre intentó llamar la atención de las aves, pero sólo consiguió asustarlas y que se alejaran más. Entró a la casa y salió con algo de pan. Lo fue partiendo en pedazos y dejando un rastro hasta el establo. Sin embargo, los gansos no entendieron.El hombre empezó a sentir frustración. Corrió tras ellos tratando de ahuyentarlos en dirección al granero. Lo único que consiguió fue asustarlos más y que se dispersaran en todas direcciones menos hacia el granero. Por mucho que lo intentara, no conseguía que entraran al granero, donde estarán abrigados y seguros. -¿Por qué no me seguirán? -exclamó- ¿Es que no se dan cuenta de que ese es el único sitio donde podrán sobrevivir a la nevada?Reflexionando por unos instantes, cayó en la cuenta de que las aves no seguirían a un ser humano.

- Si yo fuera uno de ellos, entonces sé­ que podría salvarlos -dijo pensando en voz alta. Seguidamente, se le ocurrió una idea. Entró al establo, agarró un ganso doméstico de su propiedad y lo llevó en brazos, paseándolo entre sus congéneres salvajes. A continuación, lo soltó. Su ganso voló entre los demás y se fue directamente al interior del establo. Una por una, las otras aves lo siguieron hasta que todas estuvieron a salvo. El campesino se quedó en silencio por un momento, mientras las palabras que había pronunciado hacía unos instantes aún le resonaban en la cabeza: -Si yo fuera uno de ellos, entonces sé­ que podrí­a salvarlos! Reflexionó luego en lo que le había dicho a su mujer aquel día:

-¿Por qué iba Dios a querer ser como nosotros? ¡Que ridiculez! De pronto, todo empezó a cobrar sentido. Entendió que eso era precisamente lo que habí­a hecho Dios. Diríase que nosotros éramos como aquellos gansos: estábamos ciegos, perdidos y a punto de perecer. Dios hizo que Su Hijo se volviera como nosotros a fin de indicarnos el camino y, por consiguiente, salvarnos. El agricultor llegó a la conclusión de que ese habí­a sido ni más ni menos el objeto de la Natividad. Cuando amainaron los vientos y cesó la cegadora nevada, su alma quedó en quietud y meditó en tan maravillosa idea. De pronto comprendió el sentido de la Navidad y por qué había venido Cristo a la Tierra. Junto con aquella tormenta pasajera, se disiparon años de incredulidad. Hincándose de rodillas en la nieve, elevó su primera plegaria: ¡Gracias, Señor, por venir en forma humana a sacarme de la tormenta!'

sábado, 3 de noviembre de 2007

LAS MANZANAS DE ERNESTINA


Francisco Trujillo terminó de almorzar de mal humor por no haber dado todavía con la manera de rematar un artículo para el periódico en que desde hacía quince años colaboraba. El asunto era acerca de la reciente visita que el presidente hizo a su ciudad donde Francisco y Ernestina vivían sin hijos. Siempre se la pasaban reprochándose sus mutuos defectos. Ernestina le reprochaba a Francisco el que se pasaba todo el día en la computadora escribiendo sus artículos. Él a ella por ser un vegetal más, entre las hierbas que mantenía en su casa.

La tarde anterior Ernestina había traído del supermercado unas manzanas que Francisco, rabioso por no poder decir lo que pensaba del presidente, se las comió. Erán tres y estaban ácidas. Pero Ernestina sabía que sus manzanas eran las mejores, con una dulzura y un jugo bastante buenos. Francisco, que seguía intentando un desenlace para su nota, no quiso abandonar la computadora ni siquiera cuando su mujer le lanzó algunos epítetos: Idiota, cretino, poetastro, animal, bueno para nada. Su esposo no opuso la menor resistencia porque la escritura era superior al pleito.

Se mantuvo pacífico hasta que se puso a imprimir lo que había escrito. Volteó y vió a su esposa verde como un aguacate, con un macjete en la mano a punto de asestarle el primer golpe. Entonces reaccionó y del cajón de su escritorio sacó una pistola, su esposa ya le había dado dos tajos con el machete en pleno vientre, cuando levantó la pistola y le soltó un disparo que le dio a su esposa en medio de los ojos.

La gente cuenta que fue en una Kermés donde Francisco y Ernestina se conocieron, que al mes se casaron y que vivieron veinte años durmiendo juntos, comiendo juntos y en un eterno pleito y nunca imaginaron que los dos iban a terminar desangrándose en dos charco de sangre. Uno de tinta y el otro de savia.

martes, 23 de octubre de 2007

UN PERICO DETECTIVE


Tenía yo unos quince años, allá en mi pueblo, Lerdo Durango, cuando sucedió un crimen que fue muy sonado. Yo lo recuerdo como si fuera un cuento de ultratumba. Había un conjunto de seis casas dentro de una huerta. Cinco eran rentadas a familias numerosas en las que abundaban los niños, los gatos, los perros y los problemas. La casa número seis estaba rentada a una chica muy guapa que no tenía amistad con nadie. Con la única que se la veía era con su costurera. Para los chiquillos de la vecindad, la conocían como la “Curra” o la “Catrina” por su modo de arreglarse. Usaba mucho colorete en sus mejillas y sus labios se los pintaba en forma de corazón. Aunque todavía no se usaba mucho, ella usaba la falda muy corta. En esos tiempos se iniciaba una costumbre de muchos señores que trabajaban como aboneros. La muchacha de la vivienda número seis era muy afecta de comprar sus retazos de tela para ir de inmediato con su costurera para que le hiciera una nueva falda corta de acuerdo con la moda que ella quería implantar.

La gente la conocía con el diminutivo de “Tila” por su nombre que era Domitila.
Pero como ella no se juntaba con nadie, siempre andaba muy sola.

Tila tenía en su habitación un perico muy hablador y el venía siendo su único compañero de habitación y gracias a ese perico se descubrió quién cometió un horrendo crimen. Ya habían pasado dos días sin que ningunos de los vecinos de las otras casas vieran salir a “Tila”. Ella era dueña de un estanquillo o caniche en el cual vendía dulces y chucherías y que estaba a la entrada del mercado. Los vecinos le avisaron a la policía que algo raro le había pasado a la muchacha.

La policía llego a la casa número seis y al entrar en ella encontraron a la chica muerta, en su recámara. Aparentemente no le había robado nada de sus pertenencias, todo estaba intacto. Solo el perico hacía muchos aspavientos, los policías pensaron que era porque ya tenía dos días sin comer. El perico repetía sin cesar: “No Jesús... no Jesús”

Los policías preguntaron a los vecinos que si conocían a algún Jesús. Como la chica no mantenía amistad con nadie, les informaron que no conocían a nadie con ese nombre, pero quizás su costurera pudiera informarles algo.

La costurera les informó que uno de los aboneros que le llevaba los retazos de tela para sus faldas se llamaba Jesús, y de esta manera pudieron dar con el asesino. Todo gracias a un Perico Detective.

lunes, 22 de octubre de 2007

MI HIJA LUCÍA


La imaginaba en un jardín inmenso correteando sin cansarse. En un campo verde repleto de flores donde podía jugar sin mancharse su vestido blanco. La imaginaba con una mochila en la espalda cargada de ilusiones.

Sentía que sus ojitos azules nos observaban a cada instante y que se entretenía conociéndonos. La veía sonreír continuamente y hasta sentía sus carcajadas unidas a las nuestras, con ese brillo en la mirada capaz de hacerme aflorar un instinto hasta entonces dormido.

Se que escuchaba atentamente cuando hablábamos de ella intentando adivinar cuando sería su cumpleaños. A veces podía notar su enfado al verme discutir con su madre y no me costaba nada imaginarla con los brazos en jarra y el ceño fruncido. Y hasta la imaginaba llorando desconsolada, por el temor anhelado de que su viaje pudiera quedarse en tan solo un sueño, porque los que la raptaron la estaban engañando.

Se, que a ella le urgía que la dejaran libre para retornar a su hogar después de que yo entregara el dinero que pedían por ella, pero soy tan pobre que no había reunido nada. De los ojos de mi esposa y de los míos solo rodaban las lágrimas por ser tan pobres y no poder pagar nada por el rescate.

No sé porqué los plagiarios no escogieran a otra niña, la hija de algún rico, alguien que si pudiera pagar cualquier rescate que pidieran.

Y mi hijita Lucía, estaba presa en manos de unos plagiarios de los cuales no sabemos como pudieran reaccionar.

Sólo imaginaba su pequeña voz que decía: “Papá, mamá, vengan por mí”

lunes, 15 de octubre de 2007

EJIDO MELITÓN ALBÁÑEZ


La lluvia de esa tarde había enlodado el camino vecinal por el cual la camioneta de Evaristo hacía las veces de ambulancia, cuando las enfermedades, o la tragedia, caía sobre los habitantes de los ranchos vecinos al ejido Melitón Albañez.

Este ejido tenía la escuela a la que acudían desde el amanecer los niños de los ranchos cercanos a esta pequeña población, en la que Evaristo era el maestro.

Esta noche, el destartalado vehículo de Evaristo, venciendo mil dificultades avanzaba hacia el valle del Pilar, lugar donde estaba el centro de salud, única clínica en muchos kilómetros a la redonda. Pero no iba a bordo un peón picado de víbora, o herido de bala, como tantas otras veces ocurrió, sino que llevaba hacia Todos Santos a una parturienta a quien el marido sostenía en brazos. El olor del aire traía a la memoria de Evaristo todas la plantas nativas de la región. Todos los aromas que dejan las hojarascas pudriéndose entre el lodo.

Para distraerse Evaristo pensaba: -Ay, San José del Esterito, veo el patio de mi casa con sus geranios y la hierbabuena. Veo a mi madre regando sus macetas. Es doña Amalia, que la semana próxima vendrá desde pescadero a visitarme, para ver como se porta su hijo el profesor. Veo a mi padre en su taller mecánico arreglando carburadores y ajustando los frenos, y a mis hermanos que juegan fútbol en la cancha de la escuela-

A medio camino, ya no pudieron continuar porque el parto era inminente. Entonces, Evaristo, echando mano a los escasos conocimientos de enfermería que le enseñaron en la normal urbana de La Paz, pudo salir airoso del alumbramiento, mientras el marido de la parturienta le ayudaba con una lámpara de pilas.

Ambos oyeron el llanto del recién nacido, mientras el improvisado partero se lavaba las manos en un charco del camino y aquel primer grito sonó como un golpe de sangre en la oscuridad del llano. En seguida reemprendieron el viaje, ya sin demasiadas preocupaciones.

Efrén y Rocío, los padres de la criatura, sudaban contentos sobre el ronco vaivén del motor. Quien sabe durante cuántos años estuvieron esperando aquel hijo. Quien sabe a cuántos santos se lo pidieron en su vida. Nadie podría decir lo infelices que fueron en su soledad, ahora ya no habría más.

Por esa razón, al día siguiente llevó a Melitón Albañez la camioneta cargada de cerveza para que todos brindaran por el afortunado acontecimiento.

-Que se llame Arturo- pedían unos.

-No, Efraín como su abuelo- decía un vecino.

-Pedro es el nombre que le queda- decían otros.

-¿Y Arturo-

-¿O Ernesto?-

-Efrén como su papá-

Varios días duró la diversión por el advenimiento de la criatura, a quien todos por unanimidad le llamaron Francisco. Todo salió a pedir de boca, de no haber sido por un hecho lamentable que entristeció los corazones de los habitantes del ejido. En la séptima noche de parranda, Efrén, fue asesinado por un desconocido a quien él personalmente lo había invitado a festejar.

martes, 9 de octubre de 2007

LOS RECUERDOS DEL TIEMPO


Ayer abrí una caja que tengo guardada desde hace mucho tiempo. En esa caja guardo un regalo que me hizo una novia hace muchos años. Esta caja contiene un viejo reloj de escritorio en forma de corazón el cual ya esta oxidado por el tiempo, aparte que sus pilas dejaron de funcionar, son tan viejas que ya no las fabrican.

Esa caja para lo único que sirve desde hace muchos años, es para recordarme todas aquellas cosas que nos unieron durante dos años a esa chica y a mi. Gratos recuerdos, pasadas ilusiones y dulces sueños. Esa caja que yo no abría desde hace muchos años, contiene muchas cosas.

Veo la caja abierta, ojeo, revuelvo, leo, me asombro, sonrío, me enternezco, rescato, me sonrojo, no me reconozco, me avergüenzo, retrocedo, avanzo, me reafirmo y finalmente dudo.

“Parece que con ella fui feliz. Quizás si fui feliz... pero se me ha olvidado”

De repente, mi memoria la rescata con una frase de Gabriel García Márquez: “La vida no es como la vivimos, sino como la recordamos para contarla”

miércoles, 26 de septiembre de 2007

LA FOTO DEL ABUELO


Hoy hojeando entre mis escritos me encontré la foto de mi abuelo, miré su rostro arrugado producto de los años, sus grandes y hermosa manos también arrugadas de tanto agarrar el azadón para limpiar la huerta.

¡Mi abuelo! Me habría gustado mucho conocerlo, pero el destino , que a veces nos sorprende, no quiso que fuera así.

Solo lo vi en una foto, en ésta que tengo en las manos, es extraño, no sé si a ustedes les ha pasado, pero cuando veo su foto, siento una gran emoción, siento como un golpe en el corazón y los latidos de éste se aceleran, algo en mí me dice que mi abuelo sufrió mucho, como quisiera tener a mi lado a éste viejito para mostrarle mi profundo amor hacia él. Desde que vi esta foto por primera vez, sentí que mi abuelo se instaló en mi corazón, como si hubiera un vacío que solo su persona, pudiera llenar, en mi pueblo hay una dicho que dice: “La sangre jala” y solo a las pruebas me remito, ya que cuando mi madre me mostró la foto, no necesitó decirme que era mi abuelo, porque yo supe que era algo mío enseguida, se parece tanto a mi el viejito.

El amor en la familia, es algo que no tiene una explicación lógica, simplemente nos llega y se apodera de nosotros, sin que nada podemos hacer para evitarlo.

Y aprendemos a querer sin ver sus faltas ni defectos, es más, creo que con el tiempo sus faltas nos parecen tan valiosas como sus virtudes, porque ellas se complementan con las nuestras.

Aunque mi abuelo nunca vivió con mi madre y ella jamás supo lo que era tener un padre como Dios manda.

Pero le dejó un gran regalo, ocho medios hermanos que viven en el vecino estado de Sinaloa, adónde él se fue cuando mi madre tenía un año de edad.. Mi madre se sintió muy sola en nuestro pueblo, hasta hace poco cuando alguien de Guamúchil se comunicó con ella para darle la mala noticia de que mi abuelo había muerto, y que ellos eran sus medios hermanos, y que le dejó a mi madre como recuerdo esta foto que tengo en mis manos.

Poco a poco hemos ido conociendo a los medios hermanos de mi madre, porque cuando pueden, vienen a visitarla aquí a Todos Santos, que es el pueblo donde mi madre y yo vivimos felices. Yo escribiendo y ella haciendo panocha de gajo.

Mi madre se pone tan feliz cuando alguien llega desde allá y le platica de mi abuelo, quien fue muy bueno y trabajador con su familia de Sinaloa. Que bueno que mi abuelo hizo feliz a aquella familia. Mi madre y yo, somos ahora tan felices con solo mirar la foto de mi abuelo.

viernes, 14 de septiembre de 2007

ALIAS EL BONITO


Gritos y exclamaciones de alegría se escuchaban en el patio de la huerta La Parota en Todos Santos; es la víspera de la boda de José Chollet Carballo, a quien todos los todosanteños le decían "El Bonito" muchacho sencillo y bueno que por su carácter se ha conquistado la voluntad de propios y extraños.

Ya las tías estaban paloteando la masa de las tortillas de harina y preparando la comida que se iba a dar el día siguiente después de la misa de casamiento de José y Juanita. Don Esteban el papá de pepe estaba preparando la cabeza de res que iba a cocinar en tatema. Nicanor el hermano de Juanita llegó del ejido de Pescadero con las panelas de chiva, con las que se iban a acompañar a los frijoles puercos que estaba preparando, doña Petra la mamá de José. Nada se escapaba a las dos familias de los próximos desposados. José ya había revisado la casita de la calle de Dionisia Villarino donde iban a vivir los nuevos esposos. Don Eulogio, el padrino de Juanita ya había terminado de preparar la casita que estaba con rumbo a la burrera en las faldas de la sierra de la Laguna, donde la pareja pasaría la semana de su luna de miel.

Juanita la novia, era una hermosa chica, dueña de los ojos más lindos de Todos Santos, estaba terminando de preparar su vestido de novia, que luciría al día siguiente, durante la misa de la boda que al día siguiente oficiaría el cura de la parroquia misión de Santa Rosa de Lima de ésta población sudcaliforniana. Don Lencho, el viejito del arpa junto con su hijo que lo acompañaba con su guitarrita había hecho su aparición por la huerta para cantarle al joven Chollet con su voz hueca y gangosa unos versos que decían:

“cuando te cases muchacho
un consejo te voy a dar,
no cumplimentes mucho a la vieja
porque después te quiere mandar........

Y entre risas y bromas, todos los reunidos en la huerta donde estaban acomodando mesas y sillas para la fiesta del día siguiente, festejaban las ocurrencias de aquel viejo.

Ya que terminaron de arreglar y apenas cayó la noche de la víspera de la boda, José corrió a la casa de Lupita para hacer la última visita de novios que iban a tener él y su novia Lupita. Se pusieron a platicar a un lado de la barda de piedra como siempre lo habían hecho durante sus cuatro años y medio que habían sido novios oficiales. Había luna llena la cual hacía un marco precioso para aquel idilio, que en esa noche terminaba como noviazgo para convertirse al día siguiente en vida matrimonial. Ellos estaban haciendo planes sobre su futura vida de casados cuando de repente: ¡Oh, maldito animal! Una enorme víbora de cascabel salió de entre las piedras y hundió sus mortales colmillos en la pantorrilla de José, quien cayó de inmediato herido de muerte. A los gritos de Juanita, acudieron sus familiares vecinos, quienes llevaron de inmediato al joven, al centro de salud de la población, quien iba más muerto que vivo. Antes de llegar a la clínica don Esteban, ligó y chupó la herida de la pantorrilla del muchacho, ya en el centro de salud Chona la enfermera de inmediato aplicó las medicinas que tenía a la mano; lo único que no tuvo fue el antídoto anticrotálico para salvar al joven. Todo fue inútil, José Chollet moría en la víspera de su boda. Todo terminó y de inmediato se empezaron a escuchar los llantos y los rezos de los presentes. En medio de ellos, se empezó a escuchar la voz hueca y gangosa de don Lencho que acompañado con su arpa cantaba:

“ya murió José Chollet,
quien se lo iba a figurar,
pos fue en la merita víspera
del día en que se iba a casar.

Pobrecita de Juanita
cuanto y cuanto le lloró,
pos su novio José Chollet
alias "el bonito"
en sus brazos se le murió......

lunes, 30 de julio de 2007

EL DIA QUE MI ABUELA AMALIA ME LLEVÓ


Mi abuela Amalia fue una mujer que se pasó la vida perdiendo el tiempo en enumerar las muchas enfermedades que decía tener. Desde el garrotillo hasta la migraña. El mal de orina y la artritis. Las reumas y el asma. La angina de pecho y la bronquitis. Las calenturas, la rubeola y las paperas. Las agruras y la acidez. La leucemia y el cancer de pecho. La amnesia, los calambres y los mareos. La inapetencia y las ganas de comer de todo.


-Que triste es llegar a vieja, mi nieto- se quejaba mientras se mecía en la poltrona donde pasaba todas las tardes y desde donde me platicaba siempre el mismo cuento, la historia del fraile mulato que alcanzó la santidad. Pero ahora comprendo que aquella sarta de quejidos, eran solamente el pretexto para pedirme que corriera a traerle el medio litro de aguardiente, que según ella, era para frotar su cuerpo adolorido. Pero yo sabía que no, que casualidad que cuando se hacía de noche, dormía como un tronco y por las mañanas gozaba de excelentes despertares. Yo siempre fui su mandadero porque accedía gustoso a ir a comprarle su remedio en la vinatería de la esquina, aparte que yo también le echaba un traguito a la botella que don Rutilo me entregaba para mi abuela Amalia.


Sin embargo cuando faltaban unos días para que cumpliera sus primeros cien años mi abuela Amalia falleció, dejándonos con los gastos hechos para la gran fiesta que le estábamos organizando. -Se murió cantando como las chachalacas- Dijeron las mujeres que la peinaban dentro del ataúd para llevarla a oír misa de cuerpo presente.


Solo yo sabía porque se había muerto tan contenta y lloré porque ya nadie me iba a contar la historia del fraile mulato. La llevamos al panteón para ser enterrada un día antes de sus centenario, y los parientes decidieron beberse el vino que se preparó para el gran festejo y mi madre terminó de guisar los pollos para meterlos en el mole que se había preparado para ese día. Todos dijeron: -¡Hagámoslo como un gran homenaje para la abuela Amalia! y se destaparon las botellas, se sirvieron las copas y el mole con pollo fue a caer a los platos que se colocaron en la mesa del comedor. Me acuerdo que la alegría por los cien años de la abuela Amalia duró hasta el día siguiente. Cuando mi cabeza ya no pudo con el alcohol que me bebí, dando un traspies me caí en una paila llena de manteca hirviendo y a pesar de mis catorce años, mis papás lloraron la pena de mi muerte y tuvieron que llevarme a enterrar al lado de mi abuela Amalia. Al fin y al cabo, yo siempre fui su mandadero, el que siempre la acompañó para escucharla hablar del fraile mulato.

miércoles, 25 de julio de 2007

LA VACA CLARABELLA


Clarabella, la vaca que todos los niños del ejido Álvaro Obregón querían, agonizaba en un corral, con el sol clavado en la mirada. Se moría como las rosas se mueren, como se secan las pitahayas cuando termina el verano. La noticia de la res moribunda sacó a los muchachos de la escuelita rural, quienes cortaron algunas hierbas para espantarle las moscas. No era el primer animal que moría, pero si el único que no pataleaba cuando la uncían a la carreta para que paseara a los niños. Así de mansa y buena era Clarabella. Inconfundible por su lucero en la frente. La del materno bramido. La dulce bestia que los niños amaban tanto.

Esa mañana alguien la oyó mugir hacia el salón de clases, antes de hincarse temblorosa en el lugar donde nadie pudo hacer nada por salvarla. Ni siquiera el maestro. Permaneció calladita con los grandes ojos desorbitados, oyendo el llanto de los muchachos y las palabras de los mayores que ya le llegaban desde muy lejos.

Toda el agua que le echaron encima se desperdició en el intento de resucitarla. No tuvo fuerzas ni para sentir que le remojaban el paladar. Clarabella murió rodeada por los chiquillos que ella había criado con la mejor leche del mundo. Se quedó con los cuernos echados hacia atrás igual que cuando se acostaba para que sus amiguitos le rascaran la panza.

Después los habitantes del ejido la pelaron para comérsela antes de que se echara a perder por el calor del mediodía. Solamente los niños se negaron a probarla porque ella seguía viviendo eternamente en las praderas de su corazón.

lunes, 23 de julio de 2007

LA ILÍADA DE BAJA CALIFORNIA SUR


A medio taller de composición Literaria, don Paco tuvo que hacer un viaje hacia la Grecia inmortal junto con su esposa Betty. Les informó a sus compañeros del taller que los dejaba por dos meses. Partía de la península sudcaliforniana hacia la el sur de la península de los Balcanes donde el mar Egeo, el Jónico y el Mediterráneo soplan sus vientos históricos contra las cámaras de los turistas. El escritor en ciernes deseaba el amanecer, para hablarle a su maestro Publio, avisándole de un importante hallazgo.

El día anterior había descubierto en Argos cinco tumbas repletas de objetos metálicos, destacándose una en la que estaban los restos de tres combatientes Aqueos, uno de los cuales tenía el rostro cubierto con una máscara de oro. Don Paco se la quitó creyendo firmemente que era el de Amagenón, porque traía del más allá el furioso recuerdo del rey que al regresar a su palacio, tras once años de lucha, fue asesinado por su esposa y por el amante de ésta, un tal Egisto que ni griego era, sino africano.

Tenía que ser la máscara de oro que le colocó Orestes. Sí. Era Agamenón, el violento hombre que provocó la cólera de Aquiles arrebatándole a la esplendorosa Briseida. El mismo que viera venir a Ulises de Itaca; a Néstor de Piles, a Áyax de Salamina y a Ido meneo de Creta.

Era la misma mueca de soberbia con la que se enfrento al temible Héctor, después de que Pélida se retiró del frente.

Aún quedaba algo de aquel destello de crueldad en el que presenció, desde una colina, como el inmortal arrastraba el cuerpo del hermoso hijo de Príamo.

Ese día, Betty apuntó en su diario: “Mayo ocho de dos mil siete. El esposo de Clitemnestra padecía dolores de muelas.......”

Esa noche don Paco peleaba contra el insomnio en su campo de batalla que era el colchón. Homero en persona pasaba lista a sus personajes para ver si no se había vuelto a fugar la merecedora Helena, mujer de Menéalo y única causa de la guerra más desigual que han conocido los tiempos..... Esta dama, como todos lo sabemos fue raptada por el príncipe Paris. Sin embargo, lo que muchos ignoran es que los reyes amigos de Esparta avanzaban contra Troya motivados más por las fuerzas del amor, que las de la solidaridad. A cual más quería ser el primero en rescatarla. Porque era verdad que al pronunciar su nombre, se llenaba la boca y hasta calentura daba. ¡No por otras razones Ulises dejó en su hogar a un hijo recién nacido! ¡Por ella cincuenta veces se machucó los dedos clavando el caballo de madera! Por ella conoció a los vampiros nostálgicos que tienen sus ataúdes en el fondo del agua.

Por ella vio, una noche, el despertar de los difuntos que surgían babeantes de las lluviosas regiones de a muerte. Por ella se enfrentó a las necedades de Calipso. Al horror de Polifemo y a las virtudes de Circe. Por nadie más desafió a las sirenas que intentaron seducirlos con sus notas musicales. En vano esquivó las piedras de los Cíclopes. De nada le sirvieron las hambres, los piojos, el sudor, la mugre y tantos años de equivocadas veredas en el mar. No alcanzó de la mentada Helena ni siquiera un seno, mucho menos un repegón. Otros se la llevaron, otros que no habían venido de tan lejos ni valían la pena. Por eso el país de los Feacios solo llevó tristezas y ninguna doncella fue capaz de consolarlo. Y usted maestro Publio, ¿qué piensa?

jueves, 19 de julio de 2007

ULOGIO


Con frecuencia me acuerdo de la tarde en que mis parientes y amigos me trajeron a enterrar en el panteón de Lerdo. Fue uno de tantos días de julio, cuando las tierras de la labor se ven blancas con los capullos de algodón en todo su apogeo. Metieron mi ataúd en el agujero abierto en la parte trasera del camposanto, sentí como cayeron las paladas de tierra sobre la caja y terminaron el entierro con un montoncito de tierra donde colocaron una cruz de madera en cuyo centro estaba mi nombre: "ULOGIO" y en los brazos: la fecha de mi nacimiento en el brazo izquierdo, y en el derecho la fecha de ese día de julio donde hizo mucho calor. Han pasado más de veinte años y sin embargo todavía siento terror al pensar en los gusanos comiéndome los ojos y la lengua. Las tripas y los pies. Las manos y el pescuezo, aunque ya se terminó mi carne, solo quedan los huesos. Aquí siempre hay humedad por el agua con la que el panteonero riega las tumbas, aunque por fuera del camposanto este la tierra siempre seca. Lo que han de sufrir mis hermanos cuando alguien les hablan de mi, de aquella tarde, cuando me arrastró el caballo y quedé muerto en medio del huizachal. Si le hubiera hecho caso al Lavín y hubiera montado su caballo, pero yo no quise, me enterqué en montar el otro. Ya por la noche la casa se llenó de visitas que acudieron a darles el pésame, porque se enteraron que me arrastró ese penco bruto. Llegaron con sus abrazos y lutos como si de veras les doliera. Me acuerdo hasta del sacerdote que pronunció un sermón ante la concuerrencia y después me asperjó con agua bendita mi cuerpo descuartizado. Ahora, después de veinte años de mi muerte, ya nadie se acuerda de mi, no hay quien venga a hacerme compañía, nada mas las raíces de los mezquites que estan pegados a la barda del panteón, se han metido por entre las rendijas del viejo ataúd. Nadie piensa en mi gran soledad, no se imaginan que hay mas allá de la muerte. Todos creen que estoy en el paraíso porque rezaron por mi al principio y me dedicaron algunas misas, a nadie se le ha ocurrido pensar, que no estoy en la gloria cantando alabanzas. Estoy aquí donde menos se imaginan, asándome en un infierno de impotencia y vigilia. Todos tienen la idea que subí al cielo para apartarles un lugar. Viven con la tranquilidad de que mi alma salió volando por la rajadura que se me hizo en la frente con aquella piedra que golpeé cuando el caballo me arrastraba. Pero estoy donde menos se imaginan, ojalá volvieran a rezar por mi y dijeran más misas para ver si así salgo de este lugar.

miércoles, 11 de julio de 2007

COMO PIGMALIÓN


En el salón de clase había dos alumnos que tenían el mismo apellido: Trujillo. Uno de los Trujillo, el más pequeño, era un verdadero dolor de cabeza para la maestra: indisciplinado, poco aplicado en sus estudios, buscador de pleitos. El otro Trujillo, el mayor en cambio, era un alumno ejemplar.
Tras la reunión de padres de familia, una señora de modales muy finos se presentó a la maestra como la mamá de Trujillo. Creyendo que se trataba de la mamá del alumno aplicado, la maestra se deshizo en alabanzas y felicitaciones y repitió varias veces que era un verdadero placer tener a su hijo como alumno.
A la mañana siguiente, el Trujillo revoltoso llegó muy temprano al colegio y fue directo en busca de su maestra. Cuando la encontró, le dijo casi entre lágrimas: “Muchas gracias por haberle dicho a mi mamá que yo era uno de sus alumnos preferidos y que era un placer tenerme en su clase. ¡Con qué alegría me lo decía mamá! ¡Qué feliz estaba! Ya sé que hasta ahora no he sido bueno, pero desde ahora lo voy a ser”
La maestra cayó en la cuenta de su error pero no dijo nada. Sólo sonrió y acarició levemente la cabeza de Trujillo en un gesto de profundo cariño. El pequeño Trujillo cambió totalmente desde entonces y fue, realmente, un placer tenerlo en clase.
Las expectativas que abrigamos hacia una persona se las comunicamos y es probable que se conviertan en realidad. Esto es lo que se conoce como Efecto Pigmalión.
Según la mitología, Pigmalión, rey legendario de Chipre, esculpió en marfil una estatua de mujer tan hermosa que se enamoró perdidamente de ella.
Invocó a la diosa Venus, quien atendió las súplicas del rey enamorado, y convirtió la estatua en una bellísima mujer de carne y hueso. Pigmalión la llamó Galatea, se casaron y fueron muy felices.
El mito de Pigmalión viene a significar que las expectativas, positivas o negativas, influyen mucho en las personas con las que nos relacionamos. De ahí la importancia de tener expectativas positivas de nuestros alumnos. La capacidad de aceptar a los otros como son, y no como quisiéramos que fueran, y de comunicarles dicha aceptación mediante palabras o gestos, es tal vez la principal herramienta para producir cambios positivos en el crecimiento y desarrollo de la persona.

martes, 10 de julio de 2007

EL DÍA QUE MURIO LA REINA DEL MUNDO


Todas las tardes, a la misma hora, salía yo a la banqueta frente a mi casa para ver pasar a aquella chica, que iba a su academia, para mi era la Reina del Mundo por tener una cara tan bonita y un lunar junto a su boca. Se llamaba Isabel, me lo dijo un compañero de travesuras, un amigo de la primaria, también me decía: -No te hagas muchas ilusiones, porque ese es el nombre de una Reina y una Reina cuando va a su academia, no se fija en un cualquiera como tu, eres tan niño para ella- Sin embargo, yo la esperaba a diario en mi banqueta para observarla caminar, con ese andar tan femenino que a mi me gustaba tanto. Me la imaginaba entrando a la iglesia de mi brazo, para que yo pudiera compartir su reinado. Yo le decía al oído: -¡Su majestad! aquí estoy- Pero ella no me escuchaba, seguía su camino hacia su academia sin voltear a verme. Ya que ella desaparecía de mi vista entraba yo a la casa y me dirijía a mi mochila y sacaba la libreta, era su libreta donde en cada página yo escribía su nombre "ISABEL" y luego hacía algún dibujito, no muy bonito, porque yo nada más tenía seis años de edad. Ella tenía quince. Muchas veces me quedaba dormido, dibujando en la libreta, hasta que mi papá me tomaba en sus brazos y me llevaba a la cama. Un día le escuché a mi mamá decir, que la joven Isabel estaba muy enferma y que pronto moriría, ya solo le daban tres meses de vida porque tenía cáncer. Isabel se consumía poco a poco cada día y poco a poco dejo de ir a la academia, yo salía a la banqueta y ya no la veía pasar, tan bella, tan femenina, con ese lunar junto a su boca, para mi era el Cielito Lindo. La última vez que la vi pasar frente a mi banqueta fue una tarde que la llevaban sobre una cama de flores, los que la seguían, unos le rezaban, otros lloraban y otros más guardaban silencio. Precedía a la multitud un sacerdote. Yo lloré. Un hombre se acercó a mi y me preguntó: -¿Porque lloras hijo?- a lo que le contesté: -Porque ahora se que las Reinas también se mueren- Esa noche mi madre me llevó al velorio y al salir hacia la funeraria me dijo: -Se murió Isabelita, la hija del profesor Jiménez- Y yo a pesar de mis seis años de edad me dije: -Ya lo se, tenía un lunar junto a la boca y era LA REINA DEL MUNDO-

viernes, 6 de julio de 2007

EL HUÉRFANO


Yo supe que era un huérfano a la edad de ocho años. Estaba jugando beisbol con unos amigos y algunas niñas en la que se encontraba mi hermana Melina. En una de esas que me toca batear di un faul que fue a parar a una ventana de una vecina y se partió en mil pedazos. Por supuesto "Pancho, pá qué te tengo" todos salimos corriendo pero la vecina atrapó a un amigo y tuvo que cantar que fui yo.
Todos volvimos a aparecer uno a uno. Iban saliendo de atrás de los carros, de arriba de los árboles, y de cuanto escondite hubiera. La vecina, una señora de nacionalidad americana, gruesa y bigotona me jaló por las orejas y me dijo que huérfano tenía que ser para no tener una madre que me vigilara. Esta señora antiguamente visitaba mucho mi casa pero algo debe haber sucedido que jamás volvió.
Que le digan a uno huérfano está bien. Pero que se lo digan sin anestesia y sin saber lo que significa eso como que no. Luego la vecina entró a su casa a llamar a la mía para que le compraran el vidrio roto. Mientras yo con mi cara de tonto delante de mis amigos era el propio huérfano hijo de nadie. La verdad me asusté. Muchos me veían con cara de asombro y lástima y mi hermana no dejaba de llorar. Pobrecito, dijo una niña. Entonces sí que me enojé. ¿Pobrecito?.
Salí corriendo para mi casa, y mi hermana detrás de mí. Entré pegando grito: "soy un huérfano, soy un huérfano". Y salen mis padres corriendo a ver qué me sucedía. Mi hermana que siempre ha sabido montar sus tragicomedias desde niña, gritaba a la vez que no quería que me muriera de huérfano y que me llevaran a curarme esa enfermedad. Los niños de antes éramos unos tontos. Mi madre cuando se enteró salió a casa de la vecina y todavía no entiendo por qué llegó la policía y se las llevó a ambas. Nunca vi a mi madre enojarse tanto que de por sí es un pan de Dios. Lo cierto del caso es que medio mató a golpes a la vecina. (Esa sí que jamás le dirá huérfano a alguien)
Luego nos sentaron a todos, a mis hermanos y a mí. Y nos tuvieron que explicar la situación. Nos dijeron el significado de la palabra huérfano. Mi mamá genética murió cuando yo iba a cumplir los dos años de edad. Mi hermano Andrés sí sabía la verdad, él es mucho mayor que yo. Nuestra madre murió y la vida nos dio otra, que a la vez nos dio unas hermanas como no existen en el planeta. QUE BUENA ES LA VIDA Eligió a la más linda y hermosa del planeta. Esa mujer es la luz de mis ojos y lo que más amo. La que me llama todos los días a ver si comí. La que llega con frutas para que me alimente bien, la que no está de acuerdo que viva solo. La que dejaba de comprarse cosas lindas por complacerme siempre y comprarme lo que quería cuando salíamos. La que me esperaba a la salida del colegio con una sonrisa y un beso en la frente. La que hacía el mejor caldo de carne para mí, porque sabía que era mi plato preferido. La que venía corriendo cuando tenía miedo por las noches. La que me enseñó a rezar, y me llevó por buen camino, la que no entiende que ya crecí y soy un hombre. No, no puedo ser huérfano.