miércoles, 1 de julio de 2015

AGÁCHESE COMPADRE, QUE AHÍ VIENEN LAS BALAS

Allá por mayo del año de 1981, fuimos invitados mi esposa y yo a una boda, en Ciudad Obregón, de esas bodas de rompe y rasga.

Yo estaba trabajando en la empresa Taxis Aéreos del Noroeste, volando el avión MU-2 XA-IUC.



Por esos días teníamos de visita en casa, a mi suegro y compadre Norberto Hahnel.



Un vecino de Eduardo Debeikis, fue el que nos invitó a esa boda, La cual se celebró en el salón de fiestas de la Unión de Crédito Agrícola del Yaqui, el cual está sobre la avenida Miguel Alemán.

Le dije al vecino de Eduardo que teníamos de visita a mi suegro, por lo que me pidió que lo invitara y me dio los tres boletos, para mi esposa, mi compadre y el mío, pero al dármelos me previno:

-“Pero hay que tener cuidado en la fiesta Capi, por que puede haber balazos”- Yo no le creí.

Llegando a casa, les conté a mi esposa y a mi suegro, el comentario del que nos invito al baile.

Nos arreglamos y para las nueve de la noche estábamos entrando al salón.

La boda fue como todas esas fiestas que se hacen después de la misa matrimonial. Las mesas bien arregladas con cierto lujo, los meseros listos para atender con las bebidas y las botanas. La orquesta tocando las piezas de la época y un conjunto norteño esperando su turno.

Mi esposa y yo bailamos algunas tandas de la orquesta y otras del conjunto norteño, mientras mi suegro y compadre nos esperaba en la mesa, disfrutando de su vino tinto, pues le pusieron una botella.

Los meseros empezaron a servir la cena, cuando de repente escuchamos un alboroto en la puerta del salón. Volteamos y vimos al cuidador de la entrada forcejeando con un huaripudo que traía un revolver en la mano.

Entonces me sentí como en el lejano Oeste, y le grité a mi suegro:

-“Al suelo compadre, ahí vienen las balas”- y empuje a mi esposa debajo de la mesa.

Sonó el primer disparo que se clavó en el techo, mientras le gritaba al novio:

-“En esta te mueres”- mientras vi de reojo que el novio sacó una pistola escuadra y le apuntó al ranchero que estaba en la puerta. En ese instante sonaron dos disparos y vi como el novio, al mismo tiempo que su rival en amores caían al suelo,  muertos. Gran escándalo y conmoción causo el duelo. Muchas señoras ya grandes, gritaban llorando, muchos meseros e invitados al igual que nosotros, bajo las mesas. No tardaron en llegar la policía y las ambulancias. Todos fuimos saliendo del salón, nos subimos en nuestros autos y partimos a nuestros a hogares.

Ya en casa, mi suegro se saco de la bolsa del pantalón su botella de vino, mi esposa saco unas copas y para brindar, mi suegro y compadre dijo:

-“Como en el lejano oeste, COMPADRE, AGÁCHESE QUE AHÍ VIENEN LAS BALAS”-   

martes, 16 de junio de 2015

NO ME EMBORRACHEN A LA POLICÍA

A principios de 1963, mi padre y yo habíamos regresado a la ciudad de México después de haber elaborado el plano regulador de la ciudad de Yuriria Guanajuato.




Este plano, fue un levantamiento topográfico de esta ciudad por petición que el gobernador del estado le hizo al despacho de los Bustamante de la capital.

Como yo estaba estudiando arquitectura, acompañe a mi padre a este levantamiento, nos acompaño un ingeniero agrónomo apellidado Bea.

En ese tiempo que duramos en Yuriria haciendo este trabajo, el inge Bea y yo nos pusimos de novios de dos chicas del pueblo, a la novia de Bea le decían la Monina, y a la mía, la Chata.

Después de regresar a México, empezamos Bea y yo a hacer viajes de fin de semana para ver a las novias.

Como yo toco el acordeón desde muy joven, siempre llegábamos los viernes en la noche con el instrumento para llevarles serenata a las dos.



Uno de esos viernes, al llegar nos dirigimos a la única cantina del pueblo para esperar la hora de las serenatas. El dueño de la cantina era el jefe de la policía del pueblo. Al llegar nos invitaba una cerveza para agarrar valor, y él también nos pedía que le lleváramos serenata a una chica que el pretendía, a pesar de que era casado.

Mientras tomábamos valor los tres, un guitarrista afinaba su guitarra con el acordeón y así completábamos la música, serenata para tres chicas, con acordeón y guitarra.

En esos días además del jefe de la policía, el pueblo tenía dos miembros más para cuidar el orden, más el vigilante de la cárcel.

Mientras llegaba la hora de las serenatas, los dos policías se reportaban con su jefe en la cantina, entonces nuestro amigo, les pedía que nos acompañaran para cuidarnos, a la hora de la cantada.

Así es que imagínense, que lindo cuadro, caminando por las calles de Yuriria, al frente, el comandante, el inge Bea y yo, detrás el guitarrista y cerrando filas, los dos policías.

La bronca se nos presentó al día siguiente, el sábado cuando después de levantarnos, al estar desayunando en la casa de doña Mary Pizano, que era la que nos daba posada, llegó el Presidente Municipal, y lo primero que nos dijo:

-“Muchachos, yo les di permiso para que llevaran todas las serenatas que se le ofreciera, pero lo único que les pido es: NO ME EMBORRACHEN A LA POLICÍA”-  

viernes, 29 de mayo de 2015

LAS BODAS DE ORO DE MIS PADRES


En esta foto vemos a toda mi familia reunidos durante las bodas de oro de mis padre. Ellos están sentados, ya fallecidos y decanzan en Celaya Guanajuato y alrededor de ellos de pie y de izquierda a derecha:

Humberto, que se hizo músico en el conservatorio Nacional de Música y se especializo en el Saxofón. murió en Tijuana, Baja California Norte, y mi hermano Sergio y yo fuimos a recojer sus cenizas.

Luego sigue Antonio, que trabajó escrbiendo para varios periódicos, quien también murió en Celaya Guanajuato, Toño tuvo tres hijos, Alberto, Antonio y Angélica, los tres viven en Celaya con su mamá Lupita Maldonado.

Después esta Patricia, de chiquita una niña muy inquieta, pero siempre ha sido un amor, ella vive en la ciudad de México, sus hijos: Mariana, Hiram y Alejandro.

Junto a Paty vemos a Ana María, la bohemia, la bailadora, quien vive en Celaya Guanajuato, sus hijos: Carlos Guillermo y Ana Luisa quien ya falleció.

Sergio quien vive en Cuernavaca con Laura su esposa, muy buen piloto aviador y lo digo yo, ya que voló por muchos años en Mexicana de Aviación. Sus hijos: Matía y Julieta.

Finalmente el abuelo (Asi me dicen) ¿Será por "LANETABUELO"? Yo fui piloto de la Fuerza Aérea Mexicana, de un taxi aéreo en Ciudad Obregón, en Aerocalifornia y en corporativo Vitro de Monterrey. Tengo dos hijos, Francisco y Norberto, mi esposa se llama Elizabeth Hahnel y mis nietos: Francisco, Norberto y Andrés.

Pues viendo esta foto que nos tomaron en agosto de 1991 durante sus bodas de oro me vienen a la memoria tantos recuerdos de familia.  

martes, 26 de mayo de 2015

IGUAL QUE TÚ PETER, IGUAL QUE TÚ

Que bellos recuerdos de aquellos viajes que hice desde 1993 hasta el 2003. Gracias a mi agencia de viajes "TURIPAZ" (igual al blog) lleve cientos de turistas a López Mateos para la observación de la ballena gris.



En uno de esos viajes, mientras yo les explicaba el comportamiento de esos lindo mamiferos marinos, una de las turistas se animo y le dio un besito a una ballena.



y después me preguntó: Pancho, ¿Como se inicia el ritual del amor entre las ballenas? (no se el porqué de estas cuestiones entre las mujeres) 

Entonces yo como un gran erudito en el tema, le contesté: -"De la misma forma como nosotros iniciamos estas cuestiones"-

-"Pero si, enseñame como"-

Entonces yo le dije al panguero: -"Vamos a aquel rincón de la laguna"-

Cuando llegamos al lugar le pedí que apagara el motor de la panga. Yo a todas la ballenas que se acercaban a la panga donde ibamos, les puse nombre.

Por ejemplo, esa ballena que nos está espiando se llama "La Pichirila"



Entonces les pedí que pusieran atención al diálogo que se estaba desarrollando en el fondo de la laguna:

La ballena hembra, le estaba diciendo a su macho: -"Pichirilo, vamos"- y el contestaba: -"No Pichirilita, estoy cansado"- 

-"Vamos Pichirilo"- -"No mi amor, voy a ver el partido de futbol"-

-"Ándale, vamos"- -"No, estoy leyendo el periódico"-

Entonces la americana se soltó diciéndole a su esposo:

-"IGUAL QUE TÚ PETER, IGUAL QUE TÚ"  

martes, 19 de mayo de 2015

QUE ATREVIMIENTO



Fue el día de mi graduación, una noche de junio de 1966, donde vino toda mi familia a Zapopán, para estar conmigo el día que me gradué como Piloto aviador.

Como siempre he sido, no me aguante las ganas de organizar nuestro baile de graduación. En los dos hangares del Colegio del Aire se repartieron mil mesas, fue un baile para cuatro mil personas.

Cuatro orquestas, cuatro cantinas, de mi escuela Militar de Aviación solo treinta y tres cadetes alcanzamos a portar las alas de piloto aviador militar.

Invité a la que era mi novia cadetera, Lupita Flores la de Guadalajara, porque en La Paz hubo otra con el mismo nombre.

Mis Padres, hermanos, parientes y Lupita ocuparon tres mesas juntas. Pero a mi estilo, durante todo el baile me la pase revisando las cantinas, los invitados de honor, las orquestas y todos los detalles del mismo.

Y días después me entere que mientras yo recorría los dos hangares, mi ex novia le pidió mi mano a mi papá. “QUE ATREVIMIENTO”  

Y algunos años después, también me enteré que la que hoy es mi esposa, estuvo en ese baile, pues fue invitada por el Koki Unzón. “ASÍ ES LA VIDA”

sábado, 25 de abril de 2015

EL CAPI LAVÍN, SE METIÓ DEBAJO DEL CONCORD

El 24 de junio de 1980, salimos muy temprano mi esposa y yo de casa, ella me iba a dejar al aeropuerto de Ciudad Obregón Sonora, y se regresaría con el carro de ella, un Volkswagen Caribe modelo 1977, que mi suegro le regaló, pues el mío estaba en el taller.



Cada vez que yo salía de vuelo en el MU-2 Solitaire XA-IUC de Taxis Aéreos del Noroeste, antes de llegar al aeropuerto, pasaba por el mercado, para comprar café, los periódicos y algo de fruta que yo colocaba dentro del avión para los pasajeros. Para el café, yo llevaba siempre una cafetera y para la fruta una charola.



Esa mañana, tenía que llevar al señor Juan Robinson Bours a Hermosillo, junto con su esposa y dos hijos, pues iban al consulado americano para sacar dos visas para los hijos.
Así es que le pedí a mi esposa que me llevara al mercado primero y al aeropuerto después, para poder salir de vuelo. Llegamos al mercado y me baje a comprar lo que yo llamo el comisariato del avión. (Café, fruta y periódicos)

Como ustedes saben, el Caribe es un auto chico, para dos pasajeros en los asientos delanteros, o sea yo manejando y mi esposa en el asiento derecho.

En el mercado, saludé a Don Juan Robinson Bours, pues estaba en al café “El Negrito”, lo saludé y me dijo: “Nos vemos en quince minutos en el avión capitán, ya voy por mi esposa y mis hijos”

Salí del mercado con mi comisariato y abordé el Caribe. Detrás de mi asiento puse la cafetera en el piso, y la fruta y los periódicos en el asiento trasero.



Tomé la calle 5 de Febrero hacia el sur para dirigirme al Boulevard Elías Calles y después ir hacia la carretera que va al aeropuerto

Íbamos tranquilamente mi esposa y yo platicando dentro del Caribe, y ya casi para llegar al crucero de las calles 5 de febrero y 6 de abril, alcance a ver que en la siguiente esquina de 5 de febrero y Boulevard Elías Calles se puso en luz amarilla, y para no hacer alto en la luz roja, decidí dar vuelta a la izquierda sobre la calle 6 de abril y tomar la Miguel Alemán rumbo al aeropuerto.

En el viraje del auto hacia la izquierda escuché, que la cafetera que venía en el piso detrás de mi asiento se cayó. Me agache para levantarla, mi esposa hizo lo mismo, y aflojé el volante.

En la esquina, estaba un camión Torton estacionado. Y ándale, que me incrusto en la plataforma del camión.



A la vuelta de la calle 6 de abril, estaba la Cruz Roja, así es que en dos minutos llegó la ambulancia y de inmediato nos llevaron a la Central Quirúrgica a los dos. El Caribe se quedó incrustado debajo de la plataforma del Torton.



Pero se corrió la voz de que el Capitán Lavín y su esposa, se metieron debajo del Concorde.



martes, 14 de abril de 2015

CON CIERTO ORGULLO



Con cierto orgullo, permítanme platicarles, cual fue una de mis mejores noches en la vida. Esto ocurrió el 24 de mayo de 1959 en la ciudad de Monterrey N. L.

Con cierto orgullo, invite a mis padres a que fueran a Monterrey, para escuchar a su hijo, porque la noche de ese sábado 24 de mayo, se iba a presentar en el teatro María Teresa Montoya, que se encuentra en la contra esquina de la alameda de la ciudad.



Con cierto orgullo, esa noche tuve la oportunidad de participar en el CONCIERTO que la academia Wagner de acordeón, del profesor Guillermo Benítez presentaba a la concurrencia.

En la academia estábamos inscritos cuarenta acordeonistas, y el concierto fue presentado en solos, duetos, quintetos y al final los cuarenta alumnos.



Aquí mi foto con mi acordeón…
  
Cuando me presenté en mi solo de acordeón, toqué la Danza Húngara número cinco de Johannes Brahms.

Luego en dueto, otro alumno y yo tocamos música italiana: Tarantela Napolitana, Funiculi-Funicula y O´Solemío. En un quinteto tocamos tangos: La Comparsita, Uno, A media luz y Yira Yira.

Finalmente para finalizar el concierto, los cuarenta alumnos tocamos música mexicana: Cielito Lindo, Carabina treinta treinta, Caballo Bayo, Las Bicicletas y la Marcha de Zacatecas.

El concierto fue un triunfo para todos, y para mi fue, un con cierto orgullo el que mis padres me hallan escuchado. Salimos del Teatro y mis padres muy felices me llevaron a cenar Cabrito, yo pedí una riñonada.